Opinión

La carta de Mas

Lunes 06 de enero de 2014
La Generalidad no ha vuelto a pronunciarse sobre la carta enviada por Artur Mas a distintos líderes europeos, en la que pedía apoyos para su plan secesionista. Es comprensible, toda vez que dicha carta sigue sin recabar un solo apoyo explícito -caso contrario, ya se habría encargado el Govern de filtrarlo-, aunando fracaso y ridículo una vez más a partes iguales. No debiera extrañarnos: el nacionalismo es un pensamiento desordenado, alejado de la realidad y progresivamente reducido a un mundo propio encapsulado y provinciano. La huida hacia adelante en la que se halla inmerso el nacionalismo catalán se refleja en la nula actividad legislativa de su parlamento autonómico: una sola ley aprobada en siete meses de legislatura. Eso sí, ha habido 41 resoluciones y 7 declaraciones institucionales, en su inmensa mayoría vinculadas al secesionismo.

Este dato por sí mismo revela el desgobierno en que se halla Cataluña. CIU y Esquerra están abocando a los catalanes -y, de paso, al resto de ciudadanos españoles- a una encrucijada cuya resolución se hace más difícil cada día que pasa. Lo que empezó como una reclamación puramente económica ha derivado en un órdago a la convivencia de incierto resultado. En Europa son conscientes de que actuaciones de este tipo sólo generan inestabilidad, y en base a ello sus distintos representantes se han manifestado ya contrarios a cualquier tipo de movimiento secesionista. Está, además, la imagen de parálisis institucional dada por el Parlament, una prueba más de la inoperancia del Ejecutivo de Artur Mas.

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