Alberto Míguez | Viernes 09 de mayo de 2008
Si usted quiere saber qué sucedió en la última reunión plenaria del PP en Villafranca del Mendrugo o en Calahorra, quién habló y qué dijo, quienes estaban con Rajoy y quienes con Acebes, por ejemplo, no pierda el tiempo. Conecte radio nacional de España o televisión española, decir, la radio del gobierno y la televisión del gobierno que están precisamente para eso, dar betún al poder, aplaudir a Zapatero y mucha leña a la oposición. Pero también otra tarea que consiste en analizar hasta el detalle más mínimo las crisis del PP, los rifirrafes entre Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón, las razones de Zaplana para largarse a Telefónica y las de Acebes para quedarse de simple diputado.
Ningún partido, sindicato, o asociación política nacional ha logrado tanta atención, tanto regocijo ante sus crisis, tanta inquina escondida en lo que algunos creen que son coloquios libres y simplemente constituyen un balcón para ventilar las vergüenzas del contrario.
Que a este gobierno no le gusta el partido popular y hace lo posible para desacreditarlo y ningunearlo tal vez esté en el libro de estilo escrito por el afamado autor don Pepiño Blanco. Pero lo que parece más dudoso y menos moral es que utilizando un instrumento o instrumentos que en principio pagamos todos los españoles se utilicen prensa, televisión, radio, internet y hasta los púlpitos para poner como no digan dueñas a los dirigentes y militantes del partido de la oposición democrática convertido por arte de birlo biloque y de estos iluminados comentaristas en Xan das Bolas o en el Bobo de Coria. Haga lo que haga Rajoy o sus colaboradores, digan lo que digan, incluso lo más sensato se convierte en propuesta cerril, burla chabacana y murmullo maledicente.
¿Qué más quieren? decía hace poco un dirigente popular: han ganado las elecciones, el Consejo del Poder Judicial, la televisión y la radio, el Consejo de Estado y el Tribunal Constitucional. Sólo les falta la Asamblea Episcopal y la federación de arco y flechas. Lo tienen todo y lo administran a su arbitrio y conveniencia.
Eso dicen los populares pero callan que si hubieran mostrado más temple en el momento del reparto y el equilibrio la bárbara situación actual sería diferente y en vez de actuar como el payaso que se lleva todas las bofetadas podrían de vez en cuando defenderse o defender sus puntos de vista porque el socialismo gobernante no ha sido capaz siquiera de proponer la famosa prueba del negro consistente en introducir en cualquier asamblea o reunión de un país anglosajón a un negro despierto que constituye el argumento necesario para demostrar que, como diría el difunto ministro franquista José Solís, “aquí hay sitio para todos, integraros, integraros”.
Pero aquí no hay nada que integrar, el PP tendrá que seguir sometido a la inquisición del vecino y tragar quina. Este es, por ahora, su destino. Después, Dios o los electores algún día dirán.
TEMAS RELACIONADOS: