Opinión

España, un país de pelotas

José Antonio Ruiz | Viernes 10 de enero de 2014
Spain’s pregnant again! De prensa azul, roja y rosa, la que ha aireado la noticia de l’amour secret du president Hollande, a quien nadie niega el buen gusto que tiene el jodío por las señoras hermosas. El cortijo entero es un juicio de intenciones interminable como las pesadillas de un muerto. ¡Pobre Felipe, que confiesa que se aburría como una mona en los consejos de Gas Natural!

«Operación jaque». Audiencia Nacional. Redada benemérita en Bilbao, a cuenta del CNI. La Guardia Civil irrumpe en un despacho de abogados de etarras enchironados, se lleva en el furgón por el ronzal a ocho sujetos con sonrisa de hiena y arrambla con una pradera entera de computadoras y pendrives.

En un alarde de “eficiencia”, el ministerio del Interior, loco por contarlo, como Dominguín su salto del tigre con Ava Gardner, difunde un comunicado de prensa acompañado de un tuitazo recreándose en la hazaña ya consumada. Nada que objetar, si no fuera porque lo hicieron media hora antes de que tuvieran lugar los hechos, y que sepamos, el titular de la cartera es torpe de cojones, como reiteradamente demostrado queda, pero todavía no ejerce de adivino. (…) Si no fuesen tan abantos, pensaríamos que nos encontrábamos en presencia de una reedición del chivatazo tabernario del Faisán.

Lo extraño no es que los de Bildu estén tan escocidos por la rabadilla como las huestes de Urkullu, sino que se hayan llevado al huerto de San Sebastián a los socialistas de Patxi López, otro loco por el kung fu como el paisino Aizpeolea, otro que va de moderno como Alberto Garzón, la gran esperanza comunista, a la hora de censurar al Gobierno ultra tea party por torpedear el “proceso de paz”, cuando precisamente en estas lides Mariano está siendo más relativista que Zapatero.

España, de rebaixes, mercancía averiada, no tiene salida posible ni para saldos por liquidación de existencias. Vuelvo al tajo el «Día sin pantalones en el Metro» («No Pants Subway Ride»), y me reencuentro con un país extraviado que se ha pasado toda la semana caribeña filosofando acerca de la tocada de pelotas de Di María, que supuestamente se rió de la grada del Bernabéu al agarrarse sus apéndices y acomodárselos (como el sastre hacía con el Generalísimo cuando le tomaba la medida a la huevera del pantalón del traje-chaqueta) en el justo momento que abandonaba el campo al ser sustituido. La cosa seguirá trayendo cola, como el asalto al palco del Sardinero.

Ustedes me sabrán perdonar por ser tan deliberadamente ordinario, pero acabaré entendiendo porqué Rajoy es una de las personas mejor informadas de la corrala ibérica, aun siendo hombre de un solo periódico (el diario Marca), después de llegar a la sabia conclusión de que no hay necesidad de leer ningún otro, siendo como es el único que se hace eco de la opinión publicada.

Un juez martirio (Castro) con percebes cordobeses en el escroto, a unos meses vista de causar alta en el IMSERSO, ha puesto en jaque a la Infanta enamorada y en jacarandá (árbol de gran porte pero de follaje caedizo, según la RAE) al Rey. Probablemente no era su intención ir más allá de la primera imputación; pero los tocahuevos político-jurídico-periodísticos no le han dejado otra alternativa.

Está poniéndose tan emputecida la herencia política que va a recibir Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, cuando toque, si es que toca (pues al paso que lleva lo lleva más crudo que el embutido que se jala su colega el de los Windsor, el príncipe Charles de Gales), que si este cronista fuera príncipe -¡Dios me libre!-, se estaría debatiendo en el dilema de si no sería más juicioso abdicar de antemano, con carácter preventivo, antes de que España se cuartee como la cubierta de cerámica del Palau de les Arts de Valencia, en lugar de esperar a ver venir el hostión de la horda republicanoide.

Nace la segunda cría de orangután en cuatro meses en el Zoo de Barcelona. Pero quien es noticia es el diputado Pepeluis Bilbao, del barrio de Matiko del mismo Bilbao, que ha asegurado en Radio macuto Euskadi, la emisora oficial del PNV, que «las condiciones objetivas para que España juegue con normalidad en San Mamés» pasarían por el hecho de que jugara como visitante contra la selección de fútbol de Euskadi.
No sé de qué se extrañan los colegas de The Wall Street Journal porque la tele del Régimen catalanoide, o sea, TV3, haya comenzado sus emisiones en pruebas, con vistas al día de la declaración unilateral del cantón, estrenando un mapamundi donde el oasis catalán aparece contorneado como si fuese ya un país soberano.

Me gustaría creer que la cuestión catalana se resolverá «parlant», al igual que la vascongada, como da por hecho el ministro García-Margallo, que de esto presume también de saber un huevo. Pero comienzo a perder la esperanza acerca de la posibilidad que tenemos los terrícolas de desactivar a todos los tontos activos rocinantes que andan sueltos, sin collar al pescuezo ni bozal en el hocico.

España, estupefaciente, a ratos norcoreana, no deja indiferente a nadie. Lo mismo se ha pasado tres landers el alemán Die Tageszeitung, o igual ha pecado por defecto, cuando dice que aquí en España «todo el sistema democrático, construido en una ardua tarea tras el fin de la dictadura, se hunde en un pantano».

Si no fuera porque pilla a trasmano, este cronista se embarcaría ahora mismo en un aeroplano sin tripulación y se plantaría en el Festival de cometas de Bombay. El abajo firmante comienza a estar mucho más interesado por la autenticidad del whisky escocés y la vida privada de los dinosaurios que por la gaseosa y la vida pública de nuestros brontosaurios, excepción hecha de las gafas sexy de Cospedal.