Sábado 11 de enero de 2014
El diario oficial del régimen cubano, “Granma”, dio a conocer la primera asistencia pública de Fidel Castro en 2014 como forma de expresar oficialmente que las esencias ideológicas, aunque deterioradas, se mantienen en pie y protegen la retaguardia del credo comunista. La aparición calculadamente preparada se produce dentro de los fastos del 55 año triunfal tras la instauración de la férrea dictadura en la isla caribeña, y en el contexto de aparentes gestos de liberalización tendentes a dulcificar la imagen del cesarismo de los Castro. Uno de ellos, el apretón de manos entre Raúl Castro y Barack Obama en el funeral de Nelson Mandela, obtuvo el siguiente comentario publicado por su hermano Fidel: “Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe de Gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: ‘Señor presidente, yo soy Castro’.” Toda una desternillante filigrana para convertir un atónito saludo en poco menos que un elevado acto revolucionario: destrezas de la autopropaganda para consumo interno.
Otro tanto puede decirse de los anuncios de liberalización en la economía de la isla recientemente difundidos, algo que sucede cíclicamente con premeditada periodicidad. Podrán engañar a cualquiera menos a la población cubana, ya acostumbrada a constatar cómo esas aperturas económicas solo son una vía para privilegiar a los jerarcas del régimen sin que jamás lleguen a beneficiar a los súbditos de los Castro. Para ellos se conservan inflexiblemente las esencias de la revolución comunista en el clima de intransigencia, delación, miedo y despotismo instalado durante más de medio siglo.
Resulta inaudito que un autócrata con las manos manchadas de sangre por homicidios políticos y crímenes de lesa humanidad pueda pasearse tranquilamente disfrutando de las rentas de la tiranía por él establecida, sin que la justicia internacional intervenga, aunque solo fuera testimonialmente, como se hizo con acierto en el caso de dictadores de otras especies ideológicas. Algo tan inaceptable como la pleitesía que aún le rinden organizaciones políticas que todavía respetan este modelo de opresión. Véase si no la actitud de líderes de Izquierda Unida (IU), como Julio Llamazares o Cayo Lara, quienes a la vez que sugerir que nuestra democracia tiene una supuesta veta dictatorial, no dejan de respaldar a los Castro. Sin ir más lejos, en el último festejo de nuestra Constitución. Cuestiones que por un mínimo de dignidad deberían cambiar radicalmente de una vez por todas.