Domingo 12 de enero de 2014
En pleno siglo XXI, las relaciones extramatrimoniales, las infidelidades siguen siendo un tabú en nuestra sociedad, a pesar de que la mayoría de las encuestas reflejan que son pocos los matrimonios que no han cometido algún desliz sentimental. Pero nadie debe enterarse. Pues el puritanismo y la moralina pueden suponer un lastre para la vida y el futuro de una personalidad pública.
Que Hollande tenga una amante, la guapísima actriz Julie Gayet, ha revolucionado a la sociedad francesa, que se las da de liberal y tolerante. O se las daba. ¿No puede Hollande gobernar Francia por tener una amante? ¿Le afectará negativamente¿ ¿O quizás positivamente?
Es verdad que Hollande no ha resultado un buen presidente. Sus decisiones políticas han sido más que torpes y su popularidad no supera el 20 por ciento. Según los expertos, su relación con Julie Gayet puede producir una convulsión en su vida que, incluso, podría obligarle a dimitir. Absurdo, hipócrita y retrógrado.
La carrera de un político debe basarse en que sus decisiones contribuyan al bienestar de sus ciudadanos. Ésa es su responsabilidad y su trabajo. Lo demás son pamplinas. Sarkozy tuvo una relación con la bellísima Carla Bruni, con la que terminó casándose, y aún así ganó las elecciones. Luego, perdió por la mala gestión de la crisis, por la demagogia e inteligente campaña socialista y, quizás, por el alza de sus zapatos, por el ridículo complejo de ser más bajo que su mujer.
En España hemos conocido casos de personalidades públicas cuya vida sentimental no era precisamente un ejemplo para el puritanismo rampante. Un presidente de la transición tenía su pisito de “soltero”, un vicepresidente utilizaba el avión oficial para ir a ver a su novia a Roma, uno de los actuales ministros de Rajoy ha tenido más amantes que Casanova…Y tantos y tantos casos. Por suerte, por cultura y hasta por decencia, los medios de comunicación, que conocían todos los entresijos, no publicaron ni una línea.
Europa no es América, donde el puritanismo se cuela por todos los rincones de la sociedad. Ahí está el caso de Clinton que llegó a sufrir un “impeachment” por Mónica Lewinsky. Y no es cuestión de celebrar un homenaje a Hollande por convivir con Julie Gayet, pero sería ridículo y retrógrado que le afectara a su carrera. Porque su tumba política se la ha cavado él solito con sus errores. Su amante no tiene nada que ver. En España sería un héroe. O quizás, ya, tampoco. El puritanismo anglosajón se extiende como la pólvora.
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