Opinión

Urkullu tiene celos de Artur Mas

Lunes 13 de enero de 2014
En los primeros años de la Transición, el gran problema para la estabilidad, para la convivencia, para la paz y para encauzar la democracia eran las bombas asesinas de ETA. Entonces, los nacionalistas, con su perverso olfato, justificaban y hasta apoyaban las carnicerías de la banda. A cambio, lograron poder, financiación y hasta respeto de los respectivos gobiernos. Incluso llegaron a apoyar a algún presidente a cambio de esos favores. Eran los protagonistas, los repugnantes protagonistas que enlodaban la buena marcha de las libertades. Pero negociaban con las pistolas encima de la mesa y recogieron sus frutos: las nueces del nogal.

Pero en los últimos años, los catalanes han tomado el protagonismo con su maldito “derecho a decidir”. Y también a cambio han recibido suculentos favores del Gobierno. Pues ya se sabe que el nacionalismo, además de retrógrado y paleto, sólo busca poder y dinero. Y creen que con la secesión se harán los amos del mundo. Cuando, si algún día consiguieran la independencia, se quedarían en la cuneta del mundo civilizado, un mundo que camina hacia la globalización. En dirección contraria a los nacionalistas. Las fronteras se derriban y el PNV y CiU se empeñan en construirlas con esa chorrada de la autodeterminación.

Pero ese protagonismo perdido por los nacionalistas vascos, ahora, quieren recuperarlo. Y han aprovechado la derogación de la doctrina Parot, con la desbandada de los asesinos y sus homenajes, para ponerse al frente de la manifestación. Que el PNV vaya del brazo de Sortu, de Bildu o de cualquier agrupación proetarra es un atentado a la decencia y a la democracia. Pero lo han hecho y lo hacen para volver a estar en el ojo del huracán: para sacar pecho y, de paso, obtener dinero, protagonismo y favores.

Toda la política antiterrorista que había dado sus frutos se ha venido abajo. Volvemos al principio. Sólo falta, y ya se atisba, que ETA vuelva a matar. Entonces, España debería pedir cuentas a los progres del Tribunal Europeo que han derogado la doctrina Parot y han puesto en la calle a los tipos más sanguinarios de la banda.

Urkullu, para Bildu y compañía, no es más que el Junqueras de Mas. El palmero. Pero con la pistola encima de la mesa. Al pobre Rajoy le crecen los enanos. Mientras él se ufana, con razón, de los éxitos de sus medidas económicas, España vuelve a cuartearse por los estúpidos y aprovechados nacionalistas. Tendrá que tomar cartas en el asunto y poner a Artur Mas y a Urkullu en su sitio. Ni cesiones, ni consultas, ni gaitas. España no la van a romper una panda de descerebrados, por muy asesinos que sean algunos.

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