Alicia Huerta | Miércoles 15 de enero de 2014
Dice el refrán que cuando un hombre deja a su mujer por una amante, queda un puesto vacante. Permítanme la frivolidad, pero no me resisto a imaginar que en medio del revuelo provocado por las imágenes que confirman el affaire secreto de François Hollande, quien más pueda estar “disfrutando” sea Segolene Royal, primera esposa del presidente francés. Primera, por tanto, en tener que ceder su “puesto” a la entonces amante de Hollande, la periodista Valérie Trierweiler, la misma que lleva desde el pasado fin de semana ingresada en una clínica a causa de lo que en Francia llaman “coup de blues”, que no es otra cosa que un disgusto morrocotudo, en lo más alto de la escala del dolor del despecho, y que ha obligado a someterla a una radical cura de sueño. Terrible perspectiva, sí, la de despertarse y encontrarse de frente con su desdicha, cacareada y desmenuzada en todo el mundo. A nadie le gustaría estar en su piel. Aunque sea precisamente en Francia donde ya ha empezado a relegarse el asunto a las páginas interiores, ocupando también cada vez menos minutos en las tertulias de café. Según las encuestas, el 75% de los franceses afirma no tener interés alguno por la vida amorosa, con adulterio o sin él, de su presidente. Sana postura, especialmente ahora, cuando Hollande acaba de anunciar nuevos e importantes recortes.
Por otra parte, en el país galo ya están bastante acostumbrados a los líos de faldas de algunos inquilinos del Elíseo. Encabezada por Giscard y Mitterrand, la lista es larga. Y aunque técnicamente no hubo adulterio en la historia sentimental de Sarkozy - fue a él a quien abandonó su entonces mujer -, la inmediata boda con la famosa Carla Bruni también nos dejó titulares de lo más jugoso. Repito, jugosos, sobre todo, fuera de Francia. Porque, además, salvo en este último caso de Sarkozy, los amoríos presidenciales sólo se venían a conocer públicamente tiempo después, cuando el presidente ya había abandonado su cargo y podían escribirse las correspondientes memorias. En la esperada rueda de prensa de ayer, Hollande declaró que los asuntos privados se tratan en privado y repitió su profunda indignación contra la revista Closer, “responsable”, según se desprende del enfado presidencial, del mal trago que atraviesan los moradores del Elíseo. Lo cierto es que el rumor sobre el affaire de Hollande con Julie Gayet llevaba circulando casi un año. La actriz francesa, incluso, ya demandó en marzo de 2013 al medio que se atrevió a publicarlo. Sin embargo, Closer ha roto el tabú francés. No sólo habla de ello en su último número - del que, por cierto, se han triplicado las ventas, por mucho que el 75% de los franceses aseguren no estar interesados -, sino que publica siete páginas colmadas de fotografías de Hollande escabulléndose del Elíseo con nocturnidad a lomos de una moto. Embozado con un casco negro - a saber qué excusa le pondría Flanby a Trierweiler – Hollande recorría, casi cada noche, los escasos cien metros que separan la residencia presidencial del ya famoso apartamento de la Rue du Cirque, 20. Una coqueta calle hasta ahora discreta, que estos días se ha convertido en el espectáculo al que hace referencia su nombre.
A juicio del fotógrafo que inmortalizó el idilio, lo realmente increíble fue contemplar que el presidente no iba acompañado de las medidas de seguridad básicas que deberían tener siempre sus desplazamientos. Sólo de un guardaespaldas sin vehículo de apoyo detrás. De hecho, el sagaz reportero alquiló un apartamento justo enfrente del nidito de la pareja sin que nadie le investigara o reparase en su continua presencia. Tampoco es de recibo que nadie se ocupara de conocer la titularidad del apartamento del 4º piso de un edificio ocupado en buena parte por las oficinas de Pierre Cardin. Si fuera verdad la teoría conspiratoria que señala a Sarkozy - aunque otros apuntan directamente al actual ministro del Interior, Manuel Valls - como orquestador de los hilos del escándalo, habría que reconocer que el asunto le ha salido redondo. Porque la inquilina oficial del pisito de marras no es Julie Gayet, sino su amiga, también actriz, Emmanuelle Hauck, ex esposa del intérprete Michel Ferracci, condenado a 18 meses por un asunto de juego clandestino relacionado con una banda de la mafia corsa, y, posteriormente, pareja de François Massini, que fue asesinado a tiros en Corcega el pasado mes de mayo en un posible ajuste de cuentas entre miembros de esa desconocida pero temible mafia.
Un auténtico culebrón que, por mucho que digan los franceses que no les interesa, acaba de dejar a la tercera en discordia, Julie Gayet, sin su nombramiento para ser miembro de un jurado que concede anualmente las prestigiosas becas de la organización Villa Medicis. Hace pocas horas que el ministro francés de cultura ha hecho pública la decisión. Y Gayet, a su vez, se ha apresurado a asegurar que está decidida a interponer una demanda contra la citada revista del Grupo Mondadori. Algo más parece que tardaremos en saber si Valérie despierta todavía como primera dama de Francia o no. Hollande aseguró ayer que responderá a esa pregunta antes del 11 de febrero, fecha para la que está programado su viaje oficial a Estados Unidos. Puede que la actriz, que ha rebasado las fronteras de popularidad de su país para saltar a la fama internacional seguramente de una forma que ella no habría querido, o sí, sea quien finalmente se reúna en la Casa Blanca con la primera dama de Estados Unidos. Y en ese caso, que no olvide que ha dejado un puesto vacante.
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