Viernes 17 de enero de 2014
El Parlament, como estaba previsto, aprobaba ayer enviar al Congreso de los Diputados una petición formal para que se les delegue la competencia precisa para llevar a cabo su consulta secesionista. Lo hacía con los votos afirmativos de CIU, Esquerra y 3 diputados del PSC, lo que deja en una delicada situación tanto a Pere Navarro como a Alfredo Pérez Rubalcaba.
Por lo que a la petición en sí se refiere, el Parlament pide algo que el Congreso no puede dar. La Constitución es clara en este punto: la soberanía nacional reside en el pueblo español, no en el poder Ejecutivo ni en el Legislativo. Lo que CIU, Esquerra y parte del PSC piden es que se trocee el poder de decisión de un tema conjunto a favor de unos pocos. Cataluña es parte de España, y como tal, lo que en ella acontezca interesa al pueblo español en su conjunto, catalanes incluidos. Y otro tanto cabe decir de las otras 16 comunidades autónomas, más Ceuta y Melilla. España es –nada menos que desde 1812- una nación de ciudadanos, libres e iguales, no un conjunto de territorios.
Cataluña hoy tiene dos problemas. Artur Mas, como personificación del nacionalismo excluyente, y un PSC que ha perdido definitivamente el norte. Urge, como han sugerido muchos notables dentro del propio PSOE -Alfonso Guerra, entre otros- refundar el partido en Cataluña con los ideales tradicionales del socialismo –el internacionalismo, para empezar- en lugar de los nacionalistas que ahora imperan. Hay un nutrido sector del electorado catalán huérfano de representación desde que el PSC iniciase su viaje –e insólito viraje- al nacionalismo. El resultado, a la vista está.
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