Alieto Guadagni | Viernes 17 de enero de 2014
El nivel de aprendizaje de un niño en la escuela depende de muchos factores, pero no hay dudas que las horas efectivamente dedicadas por los alumnos a la asistencia a la escuela y las horas de estudio son importantes. En esta nota consideramos el cumplimiento puntual del horario de clases y la ausencia deliberada de los alumnos a la escuela (la “rata” como se decía en Argentina). Los resultados publicados de la Prueba PISA 2012 informan sobre el incumplimiento puntual del horario de las clases o simplemente la ausencia deliberada de los alumnos, cuantificando el porcentaje de alumnos que incurren en este tipo de comportamiento que claramente debilita el proceso de aprendizaje durante el curso lectivo.
Según PISA 2012 el 25 por ciento de los alumnos del total de los 65 países encuestados ha evidenciado este comportamiento. Pero hay grandes diferencias, por ejemplo en Japón, China y Corea son apenas 4 cada 100 los alumnos con estas prácticas, mientras que esta proporción asciende a 12 en Alemania y Holanda, 15 en Noruega, 21 en Francia y 44 en España. Mayores valores le corresponden a América Latina: Colombia 18, Perú y Chile 20, Brasil 30, México 39, Uruguay 50, Costa Rica 57. En Argentina nada menos que el 66 por ciento de los estudiantes incurre en este comportamiento, o sea el valor más alto de los 8 países de América Latina, ya que comprende a dos cada tres estudiantes. No es difícil explicar la diferencia de comportamiento entre los estudiantes argentinos y los asiáticos, ya que existen numerosos factores de carácter cultural, que aportan explicaciones razonables. Pero es más difícil tratar de explicar el comportamiento argentino cuando se compara con los restantes países latinoamericanos, ya que todos ellos sin excepción presentan registros menos negativos. Los alumnos argentinos ocupan el lugar 64 entre las 65 naciones que participaron, ya que únicamente Letonia registra un valor superior, con apenas un punto más. Pero señalemos que, el puntaje obtenido en Matemática por los estudiantes de este país es igual al promedio mundial, y 27 por ciento mayor al argentino.
Todo esto es preocupante, por eso es necesario dejar de mirar para otro lado y hacerse cargo sin demoras del fortalecimiento de la escuela argentina, ya que quienes gobiernan ahora y quienes quieren comenzar a gobernar en el 2015 no pueden soslayar este desafío que hace al futuro de los niños de hoy. Sin una escuela de calidad para todos, más allá de la situación socioeconómica de las familias, la igualdad de oportunidades y la justicia social son ideales inalcanzables.