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China y Japón inauguran una etapa de diálogo

rivales históricos

Sábado 10 de mayo de 2008
A falta de grandes acuerdos, ambos gigantes asiáticos han constatado durante este viaje oficial, el primero en una década a Japón de un presidente chino, que son socios y no una amenaza mutua, signo de su decisión de colaborar de forma pragmática en el futuro.

Japón y China, históricamente rivales en lo político pero desde hace tiempo grandes socios en lo económico, están interesados en estrechar sus lazos hasta "un nuevo punto histórico", según señalaron sus líderes en un comunicado conjunto.

Este viaje "ha logrado resultados" y "promoverá con firmeza las relaciones bilaterales en el futuro", aseguró hoy el presidente chino poco antes de abandonar Japón de regreso a Pekín.

De la "diplomacia del ping pong" a la del "panda", Hu se ha esforzado durante su visita de cinco días en destacar lo que une y no lo que separa a China y Japón, y por expresar la necesidad de superar un pasado que los convirtió en enemigos durante décadas.

Hoy visitó los templos históricos de la primera capital japonesa, Nara (centro del país), entre ellos el de Toshoteiji, construido por el monje budista chino Jingzhen (conocido como Ganjin en Japón) en 759, otro símbolo de la cooperación entre ambos países.

"Lo que es más importante para la población de China y de Japón es heredar el espíritu de Jingzhen, promover y desarrollar la relaciones bilaterales", apuntó Hu en Nara, donde fue protegido por unos 3.000 policías, según la agencia Kyodo, por la presencia de manifestantes pro tibetanos.

En las ocasiones en que el presidente chino recordó durante su viaje la historia compartida entre Japón y China, es decir las invasiones niponas de los años 30 y 40 previas a la II Guerra Mundial, fue en tono conciliador.

En vez de acusar a Japón por esas atrocidades como hizo en 1998 Jiang Zemin, que era hasta ahora la única visita de un jefe de Estado de la China comunista a Japón, Hu dijo que "esa historia desafortunada no sólo causó tremendo sufrimiento a la población china, sino que también hirió gravemente a la japonesa".

"La historia debe servir para aprender del pasado y no para crear malos sentimientos", indicó el presidente chino en un discurso este jueves.

Durante su viaje, Hu Jintao ha sido recibido en tres ocasiones por los emperadores -un honor poco frecuente-, ha ofrecido el préstamo de dos pandas para sustituir al recientemente fallecido Ling Ling del zoo de Tokio, ha jugado al "ping pong" con una campeona nipona y se ha reunido con grupos de amistad chino-japoneses.

El viaje ha servido para que Hu y el primer ministro nipón, Yasuo Fukuda, hayan normalizado las relaciones de ambos países tras el paréntesis creado por Jiang y el mandato del nipón Junichiro Koizumi (2000-2006), quien irritó a China con sus constantes visitas a Yasukuni, donde se honra la memoria de algunos criminales de guerra.

Hu y Fukuda, conocido por su postura conciliadora hacia China, se comprometieron a que sus países "no serán una amenaza mutua" y acordaron mantener reuniones anuales, de forma alterna en cada país, durante la cumbre que celebraron el miércoles.

Más allá no ha habido grandes acuerdos pese al deseo nipón de lograr avances sustanciales en la disputa por la explotación de gas en el Mar de China Oriental.

Tokio quería al menos marcar una fecha límite para solventar su conflicto con Pekín por esos yacimientos de gas en las aguas limítrofes, pero se ha tenido que conformar con expresar la necesidad de solucionar el asunto cuanto antes.

Otros temas espinosos, como el Tíbet, quedaron en segundo plano, aunque varios miles de manifestantes recibieron a Hu a su llegada a Tokio y el primer ministro japonés pidió a China que se esfuerce por dialogar con el Dalai Lama.

Las marchas pro Tíbet han sido constantes en el viaje oficial en Hu en Japón, aunque no hasta el punto de poner en riesgo la seguridad o abochornar a los anfitriones nipones, que desplegaron un operativo de seguridad formado por más de 6.000 policías.

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