Alberto Pérez Castellanos | Sábado 18 de enero de 2014
No se confundan, el titular no responde a ninguna cuestión de color ni flores ni nada que se les pueda venir a la cabeza, estas palabras solo son un juego que ejemplifica una tendencia cada vez más extendida y peligrosa para el periodismo deportivo: una mimetización con lo que ahora se conocer como “prensa rosa”. Y digo ahora porque hace años la crónica social era una información más o menos frívola, pero siempre respetuosa, lo que no ocurre de unos años a esta parte. En esta época se peca de amarillismo y se abusa de conceptos vulgares, chabacanos e irrelevantes cuando se informa de la vida y milagros de personajes conocidos, y el contagio ha llegado de forma virulenta a muchos medios deportivos.
Es cierto que quienes deciden qué interesa y qué no son los espectadores, los lectores o los oyentes, pero dudo que la audiencia sea la única culpable de la profusión de detalles extradeportivos que se cuelan en los espacios dedicados a este tipo de información. En las últimas semanas hemos podido observar muchos ejemplos de esta deriva hacia lo “rosa” e incluso hacia lo “amarillo” con noticias trágicas como el accidente de Michael Schumacher u otras más amables como la entrega del Balón de Oro.
Con el primer caso he asistido perplejo a una caza por buscar el titular más llamativo y lleno de morbo. El heptacampeón de Fórmula 1 sufre un grave choque cuando practicaba esquí en los Alpes y su vida corre peligro, eso es lo que deberíamos haber leído. Pero no, algunos medios casi entierran al alemán, otros se han dedicado a especular sin ninguna prueba sobre las causas del accidente y unos más a aprovechar la sequía informativa en otros deportes para recordar las bondades y las vergüenzas de Schumi. La preocupación por su estado de salud y los mensajes de ánimo y apoyo son lógicos, pero la desmedida presión sobre la familia y el entorno del piloto germano ha sido extremo… demasiado correctos han sido los allegados al pedir a la prensa con todo respeto y razón que abandonase el hospital donde Schumacher sigue luchando por su vida.
La madrugada del lunes se entregaban los Globos de Oro y esa misma tarde el Balón de Oro. Mismo áureo apellido y mismo objetivo, pero diferentes campos. Cine y televisión, y fútbol. Todo llama la atención y puede convertirse en noticia, pero no creo que la alfombra roja y los modelitos de los asistentes a una gala deportiva sean objeto de análisis y pilar central de minutos y páginas informativas. Quizá un apunte, algún chascarrillo o una noticia separada del bloque de deportes, pero no esto. Si han oído, visto o leído algo sobre esta gala seguro que muchos coinciden al señalar que lo que muchos medios han señalado como lo más importante son las lágrimas de Cristiano, el traje de Messi, las novias de ambos separando a ambos jugadores o la guerra entre los propios medios hablando de tongos y conspiraciones absurdas. Sólo con el paso de las horas la borrachera de obviedades y curiosidades ha cedido protagonismo al tema central aunque, como en toda resaca, lo que ocurre después se prefiere olvidar y pasar deprisa.
Son sólo dos ejemplos de cómo el amarillismo que tiñe la crónica rosa se expande en la información deportiva. Y ojo, que no los medios generalistas empiezan a infectarse cada vez más. Aunque televisiones, radios y periódicos se han dedicado a señalar que la aventura sentimental de Holande no interesa a nivel político a los franceses ha sido portada en todo tipo de medios. La revista que ha publicado el reportaje sobre las aventuras amorosas del mandatario galo peca de sensacionalismo y, sin miedo a resultar exagerado, aquellos que reproducen y amplifican esa información hacen lo mismo. Incluso van más allá al relacionar estos hechos con temas políticos y de seguridad, lo que alimenta más el germen de la noticia. No es la primera vez que ocurre algo así, cada vez lo vemos con más frecuencia y potencia, y por desgracia creo que irá más.