Opinión

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Alicia Huerta | Miércoles 22 de enero de 2014
A punto de celebrarse el Año Nuevo en China, la censura del país asiático intenta poner puertas a internet para tener la fiesta en paz. Al menos, para que su élite en el poder la tenga. No les ha sentado nada bien a los mandamases de allí, que los medios de comunicación de todo el mundo se hayan hecho eco de un documento, obtenido por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, que revela que 13 parientes – como mínimo – de máximos dirigentes del régimen, entre ellos el presidente, se hayan dedicado en los últimos años a cebar sus cuentas secretas en paraísos fiscales. En el documento figuran también empresarios y grandes compañías de China, donde aún se vive la transformación más importante que ha experimentado un país en las pasadas décadas. Es cierto que, durante este proceso, ha aumentado la apertura y las posibilidades comerciales de un segmento de la población, pero también lo es que crece una brecha social incompatible, en principio, con los postulados ideológicos de un régimen de su clase. En todo caso, las cifras son las cifras, y a mayor salida ilícita de capitales, menor capacidad de recaudación y, en consecuencia, de redistribución por parte del Estado. Se acentúa la desigualdad.

Los números siempre cantan. Igual que determinadas políticas acaban pasando la correspondiente factura. Pero lo que tampoco parece gustar al gobierno chino es que las mujeres más preparadas del país hayan empezado a retrasar la edad de casarse y formar una familia. Mucho menos, que renuncien a ello. Porque eso daría al traste con su idea de alumbrar una “generación intelectualmente superior”. Así que, aunque la población femenina del país asiático despunte con claridad en el terreno profesional – según la revista Forbes, 11 de las 20 mujeres más ricas del mundo por iniciativa propia son chinas -, las autoridades han iniciado en los últimos años una campaña para denigrar la soltería de aquellas que parecen haberse olvidado de su obligación de contraer matrimonio, según dicta la tradición. Desde hace un tiempo, los medios de comunicación utilizan el término de “shengnu” – “mujer sobrante” en mandarín – para hacer referencia a las mujeres que siguen solteras después de haber cumplido 28 años. ¡Cómo si en China no hubiera hombres suficientes para dar y tomar! Para ver y revolver. En concreto, hay 20 millones más de hombres que mujeres. ¿El problema? De acuerdo con las autoridades chinas, el problema reside en que esas mujeres tan preparadas se han vuelto, por otra parte, demasiado exigentes a la hora de buscar un marido. Igual que el viudo de La rosa del azafrán, a quien le presentan un sinfín de candidatas para elegir nueva esposa, y él no se decide, porque, según alega para defenderse: “al menos que, en visita, no la tenga que esconder”.

Muchas mujeres chinas se resignan a soportar el descredito gubernamental por su presunta “obstinación” en seguir siendo solteras. Sin embargo, cuando se trata de enfrentarse a la familia, el asunto es más peliagudo. Sobre todo, en estas fechas. El Año Nuevo supone la ocasión de volver a reunirse con los padres y, cuando una ha pasado de los 25 sin haber encontrado pareja, esas fechas comienzan a resultar cada vez más incomodas y complicadas. En ocasiones, insoportables. Una situación, que algunas habían empezado a combatir, años atrás, valiéndose de un amigo dispuesto a hacerse pasar por novio. Pero no siempre es posible. Hasta que llegó “San Internet”, dispuesto a colmar todos nuestros deseos. ¿Un novio? Pues también, aunque únicamente se necesite para unas cuantas horas o para los días que dure el desplazamiento al lugar de origen de la novia arrendadora. Por eso, este año ha vuelto a aumentar la demanda de novios de alquiler – a través del portal de ventas TaoBao –; muchas prefieren representar un colosal paripé, antes que tener que escuchar los lamentos o recriminaciones de sus padres, quienes no pueden soportar el ridículo social que supone una hija soltera y sin compromiso a punto de cumplir los 30.

A obsoletas e incompatibles tradiciones, grandes remedios. O no tan grandes, porque los precios son, por lo visto, bastante asequibles. Por supuesto, se calculan en función de los extras que haya de incluir el sainete. Con arrumacos, sube el precio. También, si hay que ir al cine y resulta que la película es de terror. No me pregunten por qué, pero así se especifica en el portal chino de novios para un rato. Pueden, asimismo, alquilarse para que simplemente llamen por teléfono a la mujer un par de veces al día. Y, sí, imagino que también habrá la opción de rentar uno que se limite a enviar cariñosos whatsapp. Lo mejor, que están previamente seleccionados de acuerdo con unos requisitos de idoneidad y que, terminada la función, se marchan a su casa sin oportunidad – que no se les ocurra – de criticar los chistes del cuñado o el modelito de la hermana. No parece tan mala inversión. Por cierto, que estos servicios ya no se limitan a China. La web RentABoyfriend ofrece esta alternativa en todo el mundo.