Opinión

ROSELL, EN LA PICOTA

Luis María ANSON | Viernes 24 de enero de 2014


Ni por un momento se puede olvidar la presunción de inocencia en el caso que asedia al expresidente del Barcelona. Conozco a Sandro Rosell. Es un hombre serio, trabajador y razonable. En él predomina el sentido común sobre la agresividad, la buena educación sobre las malas maneras. Y un éxito, tal vez sin precedentes, le ha acompañado al presidente del Barcelona con la presencia estelar en su equipo, aparte Messi, de Andrés Iniesta, que junto a Ricardo Zamora y Piru Gaínza forma el trío de los mejores jugadores que ha dado la historia del fútbol español.

En torno al fichaje de los grandes futbolistas se mueven hoy cantidades de dinero tan exuberantes que lógicamente levantan sospechas de comisiones y mordidas. Pero las sospechas no pueden convertirse en insidias y los comentaristas deportivos y políticos deben sopesar seriamente el daño que se puede ocasionar a la imagen del fútbol español que, por primera vez en la historia, está a la cabeza de todas las naciones, por encima de Brasil, Italia, Argentina, Alemania o Inglaterra.

Que el juez cumpla con su obligación. Sabremos entonces lo que hay de verdad y lo que hay de mentira en el fichaje de Neymar. Pero conservemos en todo caso la presunción de inocencia del expresidente Rosell, al que se ha instalado en la picota de forma precipitada e inmisericorde. La pasión deportiva no puede enturbiar la situación. Hay que hacer juego limpio y saber esperar.

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