Sábado 25 de enero de 2014
El presidente ucraniano Víctor Yanukóvich mordió hace poco el anzuelo tendido por el mandatario ruso Vladímir Putin, que se revistió de una rebaja sustancial en el precio del gas y la promesa de invertir más de 10.000 millones de euros en bonos de deuda ucraniana sin exigir aparentemente contrapartidas. Con ello, Putin dio una clara muestra de que está dispuesto a poner toda la carne en el asador para que Ucrania no se le escape de su órbita, incluso en contra de la mayoría de la población ucraniana que parece apostar decididamente por la integración del país en la Unión Europea (UE).
Los ucranianos saben lo mucho que está en juego, pues quieren un país donde haya progreso y libertad y no un remedo de ello, como parece gustarle a su presidente, a quien le cuadra mucho el estilo del “zar” Vladímir Putin, la escasísima transparencia, por no decir nula, y el autoritarismo que reina en la antigua Unión Soviética. Hace meses que los ciudadanos ucranianos se echaron a la calle y en los últimos días los enfrentamientos entre la presidencia y la oposición han ido in crescendo hasta cobrarse varias víctimas mortales y cientos de heridos. La oposición exige que se libere a los opositores encarcelados, una sesión extraordinaria de la Rada Suprema -Parlamento ucraniano-, en la que se dé marcha atrás en las últimas leyes, calificadas como “dictatoriales”, y la convocatoria de elecciones anticipadas. La actitud de Víctor Yanukóvich, aparte de la represiva, está siendo la de ganar tiempo, ofreciendo futuros cambios sin demasiadas especificaciones, con el único objetivo de que la situación no se le vaya definitivamente de las manos y Ucrania entre en una espiral poco menos que de guerra civil. Cualquier promesa antes que convocar elecciones anticipadas que con toda probabilidad le desalojarían de un poder que parece querer convertir al país en un coto privado, con un alarmante crecimiento de la corrupción y el nepotismo. No es extraño así que Yanukóvich prefiera ser aliado de Putin, aun a costa de ser en realidad súbdito, que apostar por la Unión Europea, como le demanda la mayoría de la nación, que desea su modernización, profundizar en la democracia y los derechos ciudadanos y renovar su anquilosado sistema productivo. Cambios que Yanukóvich obstaculiza y que los ucranianos, con razón, consideran más realizables dentro de la Unión Europea.
Una Unión Europea que no parece haber apoyado con el suficiente énfasis esas demandas de la mayoría, y ha venido mostrando diferentes y a veces encontradas opiniones ante la crisis ucraniana. No obstante, la represión ejercida con brutalidad por el presidente contra sus opositores parece haber movido a Bruselas a dar un paso adelante, anunciando que tomará medidas si la situación sigue así. Decisión tardía y tibia ante una diplomacia europea que debería actuar con más audacia y contundencia. La UE no puede mirar para otro lado. Es muy grande el riesgo, que debe evitarse a tiempo, de que Ucrania se convierta en un avispero, en el propio Viejo Continente, cada vez más enrevesado y violento.
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