Lunes 27 de enero de 2014
Este pasado fin de semana Sandro Rosell, ya ex presidente del Barça, no se ha sentado en el palco. Está por ver si en breve lo hará en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional, por el desfase de cifras en el fichaje de Neymar. Hoy la prensa de medio mundo -y no sólo la deportiva- habla del fútbol español no sólo por la disputa de la Liga, sino por los turbios manejos que afloran con demasiada frecuencia. Hace pocos días, la práctica totalidad de presidentes de clubes españoles tenían la desfachatez de pedir el indulto al Gobierno para otro ex -en este caso, del Sevilla-, José María del Nido, quien debe ingresar el prisión por corruptelas varias. Y hace poco más de un mes, la Unión Europea anunciaba que estaba investigando la concesión irregular de ayudas económicas a siete clubes de fútbol españoles, algunos tan señeros como Real Madrid, Barcelona o Athletic de Bilbao.
Todo lo anterior es preocupante para los clubes antes mencionados en particular, y para todo el fútbol español en general. No es para menos. Según datos del Consejo Superior de Deportes -CSD-, la deuda del fútbol español asciende a 3.600 millones de euros, de los cuales casi 800 corresponden a Hacienda. Nada más y nada menos. Además, se ha empleado mucho dinero público -caso del Valencia, por ejemplo- en apoyar a ciertos clubes cuando, en puridad, esas partidas presupuestarias podrían haber tenido un destino bastante más provechoso. En Alemania, por ejemplo, es inviable que un club fiche estando en números rojos, así como también que parte del dinero de esos fichajes se pierda por el camino. Aquí sí, y eso es algo que no sólo deja en mal lugar al club que sea, sino a España como marca; una marca, por añadidura, cada vez más vituperada. El caso de Rosell y el fichaje de Neymar es un escándalo, aunque no el único. Por poco que se investigue, a buen seguro que afloran muchos más. Y quizá sea lo deseable, que se pinche la burbuja de una vez por todas.
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