Emiliano García-Page protagonizó este miércoles en Madrid un desayuno en el Ritz organizado por el
Foro de la Nueva Economía.
Susana Díaz lo precedió presentó y
Óscar López,
José Blanco,
Tomás Gómez,
Trinidad Jiménez o
José María Barreda lo siguieron atentamente desde las mesas principales. Mucha prensa. La conferencia debía versar sobre Toledo, sobre la modernización y la sostenibilidad de la ciudad, pero los periodistas y los ponentes coincidieron en la lectura de que era buena ocasión para deslizar mensajes u opiniones acerca de las primarias.
La presidenta de
Andalucía habló ellas "para no defraudar", se justificó, e insistió en que "no son la panacea" pero sí un "gran instrumento" que "cambia la forma de relación" entre el partido y los ciudadanos. A su juicio, es necesario "refrescar las organizaciones" y que comiencen a responder a "patrones" del siglo XXI y no de "finales del XIX". Ya sobre su compañero, al que dedicó toda serie de halagos, dijo que "será lo que él quiera ser". No faltó a su cita con la crítica a la corrupción de todo color y a las aventuras secesionistas.
El secretario general del Partido Socialista de
Castilla-La Mancha y alcalde de Toledo no negó ser uno de los que alzará la voz cuando comience el proceso interno. Preguntado por las reticencias de
Alfredo Pérez Rubalcaba a las primarias abiertas tal y como se han planteado, respondió que, no obstante, así las quiere -"no digo que sueñe con ellas o que lo tenga claro desde chiquitito", matizó- y que "lo más cómodo" para él habría sido rechazarlas y "apoltronarse", por lo que considera la de su líder una determinación valiente.
Pese al intento de EL IMPARCIAL de recibir un "sí" o un "no" a si Pérez Rubalcaba es la persona idónea para conducir el futuro del
PSOE, García-Page regateó sosteniendo que este "se ha ganado el derecho a decidir lo que quiere hacer" y que "nadie puede poner en duda su capacidad". A partir de ahí, añadió, son los votantes quienes elegirán al capitán del proyecto. ¿Tomará parte él? No sería en ese caso mal apoyo el de Díaz, con la nutrida delegación andaluza a sus órdenes.
Por descontado, el conferenciante no escatimó en elogios hacia la presidenta, reconociendo antes que a estas alturas ya cada palabra es susceptible de tener doble interpretación. "Tu salida al escenario nacional ha llenado de oxígeno, energía e ilusión a la política española", subrayó. No se sabe muy bien si en alusión al Gobierno, a
Ferraz o a ambos, el castellano-manchego opinó que "hay gente que se inquieta cuando sobrepasamos la M-30", refiriéndose a los llamados 'barones' autonómicos. Una de las mayores amenazas –para él, en positivo- es Díaz, con la que dice "compartir valores" y tener "sintonía".
Efectivamente, "sintonía" hay. Frases muy parecidas, casi exactas a las que acostumbra Díaz en materias hoy tan sensibles como
Cataluña. "Me siento español, pero no contra nadie", proclamó. Además, tiene la convicción de que "el PSOE es, de todas las formaciones, la que mejor puede conciliar unidad y diferencia". La clave, completó, es la "inclusión".
¿Hay un 'pacto/frente de Despeñaperros' -con perdón por la rápida y básica denominación- para aupar a García-Page a lo más alto de las quinielas desde Andalucía? Aún queda mucho y afirmar algo así es arriesgado y precipitado. La única certeza es el respaldo público de la figura emergente y que más atenciones acapara a uno de los hipotéticos aspirantes, a priori, con menos nombre y rango en comparación con el propio Pérez-Rubalcaba, el expresidente vasco
Patxi López o la exministra Carme Chacón. No es fácil hacer traducciones de este juego de palabras, silencios, dobles sentidos y apariencias que, quizá, en función de las reacciones, ellos también utilicen para tomar la temperatura a sus opciones.