Opinión

Nacionalismo, fútbol y otros despropósitos

Domingo 02 de febrero de 2014
Ayer sábado se conocía el fallecimiento de Luis Aragonés, el entrenador que llevó a España a ganar su penúltima Eurocopa. Aragonés era un hombre de fútbol, con un carácter difícil pero, al mismo tiempo, con una forma de entender este deporte digna de elogio. Deporte, que no otra cosa. Eso deberían entender los nacionalismos periféricos, empeñados en utilizar el fútbol como arma arrojadiza en materia política.

A mediados de semana, el flamante presidente del Barça hacía un guiño a la última variante de las teorías de la conspiración -alentada por los medios catalanes, tanto generalistas como deportivos- según la cual su homólogo madridista, Florentino Pérez, habría llamado Aznar, éste a su vez a Gallardón quien, por su parte, habría dado las pautas al juez Ruz para que admitiese la querella por apropiación indebida contra Sandro Rosell. Delirante, ¿no es cierto? Y ayer mismo, el diputado general del Vizcaya, del PNV alertaba nuevamente sobre el “riesgo” que corría la selección española de fútbol si disputaba algún partido en Euskadi, advirtiendo de que , si eso se producía, “tendríamos que sacar a la calle a toda la plantilla de la Ertzanzta y a las tanquetas”. ¿Cabe manera más contundente de preparar el terreno para la confrontación?

Lo peor no es el cúmulo de despropósitos, disparatado y deplorable en sí mismo, sino que dichos personajes tengan su público que les secunde. Que haya quien sea capaz de dar pábulo a semejantes “conspiraciones” o quien vea en la celebración de un partido de fútbol “una invasión extranjera” denota hasta que punto está enferma una parte de la sociedad. Una enfermedad que distorsiona el pensamiento racional: el virus del nacionalismo.

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