Lunes 03 de febrero de 2014
La Comisión Europea hacía público ayer un informe que revela que la corrupción es una lacra bastante extendida en el seno de la UE, y que ocasiona un coste de 120.000 millones de euros cada año. Más allá de esta cifra, escandalosa en sí misma, destaca España por la proliferación de casos -aunque, curiosamente, no se menciona el caso Noos- . Si hubiese un ranking, probablemente ocuparíamos un lugar destacado, y eso también es escandaloso.
Desde la Comisión urgen a España a “proseguir las reformas en curso y garantizar la aplicación efectiva de las nuevas normas sobre la financiación de los partidos políticos” así como “reforzar los mecanismos de control sobre las administraciones autonómicas, provinciales y locales, donde se producen la mayor parte de estos casos”. Una excesiva descentralización es, efectivamente, el caldo de cultivo propicio para que medren corruptelas de todo tipo, como ya denunciaron los liberales en el XIX. Que el problema existe da cuenta el último Eurobarómetro sobre la actitud de los europeos en relación a este tema: el 95 por ciento de los españoles -frente al 75 por ciento del resto de europeos- consideran que la corrupción está muy extendida.
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