Viernes 07 de febrero de 2014
Esta semana se ha sabido que Francesc Homs se reunía en Moncloa con Mariano Rajoy, y que Durán Lleida hacía lo propio con Soraya Sáenz de Santamaría. Es comprensible la discreción con que se han llevado a cabo estos encuentros, y muy positivo que se produzcan. Desde que se iniciase la deriva secesionista, el discurso del nacionalismo catalán hacia lo que ellos llaman despectivamente "Madrid" ha sido tan beligerante como negativo para los intereses del conjunto de España, Cataluña incluida.
Se ha dialogado poco hasta la fecha; en todo caso, menos de lo estrictamente necesario para un normal funcionamiento institucional. Que Esquerra se avenga a planteamientos razonables es misión imposible. No debería serlo, en cambio, con Convergencia y con Unió, juntos o por separado. Conviene recordar que el partido de Durán, pese a las supuestas diferencias con el resto de socios de gobierno autonómico, sigue sin desmarcarse del órdago secesionista planteado por Mas y Junqueras.
Si Unió quisiera, la sinrazón de la consulta ilegal perdería fuelle, y tanto él como los suyos ganarían en responsabilidad. Sea como fuere, es positivo que destacados miembros de CIU empiezan a hablar con "Madrid" -con o sin luz y taquígrafos-. Sería deseable que en breve se pasara de palabras a hechos y que la actual situación de insensatez pudiera empezar a reconducirse.
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