Opinión

El drama de la frontera Sur

Sábado 08 de febrero de 2014
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se ha apresurado a solicitar una comparecencia en el Congreso donde explicará a los diferentes grupos parlamentarios los sucesos ocurridos en la frontera entre España y Marruecos en la ciudad de Ceuta, dando así un ejemplo de diligencia y agilidad para dirimir el contenido político de la tragedia. Según cálculos de la Guardia Civil han fallecido catorce inmigrantes tras una avalancha de subsaharianos en la zona del Tarajal, ahogándose una parte de aquellos que trataron de sortear la valla fronteriza bordeando a nado el espigón que separa ambos países. El ministro del Interior tendrá que dar detalles de la intervención de la Benemérita en este hecho y los resultados finales de los rastreos que el instituto armado lleva a cabo en la zona.

El debate parlamentario de la próxima semana no debería circunscribirse, sin embargo, exclusivamente a la intervención de las fuerzas de seguridad del Estado en este incidente concreto, por más que el número de damnificados por la catástrofe suscite un interés singular y comprensible por esta tragedia. Estragos en la línea fronteriza no son episodios de un día, ni se limitan a la divisoria española. Al mismo tiempo que ocurría la avalancha de Ceuta, barcos y helicópteros de la Marina italiana localizaban embarcaciones con 1.123 inmigrantes junto a las costas de Lampedusa, en una nueva muestra de que el impulso migratorio no está restringido a un único país ni se detiene a causa de la crisis. Las costas del conjunto del continente han de considerarse como una frontera global del espacio europeo donde se produce la más abismal descompensación económica entre todos los límites fronterizos del planeta, lo que seguirá alimentando el actual éxodo con sus inevitables lacras. Los problemas de esa gran línea divisoria no deberían abordarse con una mentalidad nacional, sino con el criterio de una cuestión que ha de afrontar el conjunto de Europa. Y hacerlo tratando las motivaciones de fondo que originan un desplazamiento humano de tales proporciones. Además de mejorar en todo lo posible las condiciones de la frontera, todos los países europeos habrían de cooperar para que la población del territorio africano no viva en condiciones tan brutalmente desiguales frente al continente europeo.

Solo así se comenzará a mitigar la tragedia de la inmigración masiva, que únicamente en parte se produce en las costas del Sur. El desastre comienza cuando la población inmigrante debe reunir un capital, para ellos enorme, para iniciar el viaje, y continúa cuando cae en manos de traficantes, son explotados en las sucesivas fronteras o van falleciendo en las inmensas barreras geográficas que les separan de su objetivo, dejando un reguero de dramas ocultos para los medios de comunicación. Solamente una acción decidida de Europa a favor de la pacificación y el desarrollo económico subsaharianos podrá contener la tragedia migratoria, a veces con medidas tan básicas como relajar el enorme proteccionismo arancelario frente a los productos africanos.

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