Los Lunes de El Imparcial

Chil Rajchman: Treblinka

RESEÑA

Domingo 09 de febrero de 2014
Chil Rajchman: Treblinka. Epílogo de Vasili Grossman. Traducción de Jorge Salvetti. Seix Barral. Barcelona, 2014. 240 páginas. 17,50 €

Parece que la historia de la Segunda Guerra Mundial y de los campos de concentración nazi ya hubiera dado todo lo que podía. Incluso algunos exclaman hastiados cuando aparece una nueva obra al respecto. Sin embargo, el tema es inacabable y muchas obras nuevas son contribuciones reales, complementan y confirman lo que ya sabemos, y nos muestran la vitalidad de la literatura en estos ambientes extremos por los que circuló el siglo XX.

Treblinka es un relato libre, personal, autobiográfico en parte, y ciertamente histórico, escrito por un sobreviviente. En realidad se trataba de dos campos: Treblinka I, de trabajo y penitenciario, y Treblinka II, lisa y llanamente de exterminio. En ambos estuvo Chil Rajchman, autor de esta obra, quien arribó en octubre de 1942 y escapó en agosto del año siguiente.

El libro ilustra el drama inicial de los judíos que llegaban a un lugar que desconocían, la mayoría de las veces engañados y sin saber -ni suponer siquiera- que se acercaban a una muerte inminente. A poco de llegar a Treblinka, y sin duda lo mismo ocurría en los demás campos nazis, se daban cuenta que estaban en la fase más horrorosa de la persecución antisemita, nacida en la década de 1920 a través de las páginas de odio de Mi Lucha, el libro fundacional de Hitler, y de los medios de prensa del nacionalsocialismo; acrecentado en la década siguiente con la llegada al poder en 1933 y luego con leyes y abusos de distinto tipo, para culminar en los años de la guerra con la idea y realización de la famosa “solución final”.

El año de vida en Treblinka es narrado de forma sencilla y clara. Incluso a veces abruma por su realismo demoledor. Cientos de miles de personas eran llevadas al matadero; abusos y golpes se repetían sin cesar por los guardias y fanáticos de turno; la avaricia perpetua procuraba quedarse con los dineros, bienes y dientes de oro de las víctimas; había asesinatos ejemplarizantes; comenzaron a funcionar las cámaras de gas con una “productividad” creciente, seguida por sepulturas masivas y finalmente la incineración de los cadáveres.

Como contrapartida se advierten a cada paso rasgos de humanidad siempre vigentes en los momentos extremos. Así se pueden ver muestras de solidaridad entre los judíos, algunos rasgos de heroísmo fascinantes y que desafiaron la máquina de exterminio y -debemos mencionarlo aunque parezca obvio- la posibilidad de poder apreciar todo ello a través de este libro.
La vida del propio Rajchman no fue fácil en modo alguno. Llegó al campo con su hermana, que pronto fue asesinada, al igual que algunos amigos. Tuvo que ejercer de peluquero y como dentista, acarreador de cadáveres y conspirador. No pretende mostrarse como héroe, aunque ciertamente lo es, como queda en evidencia con la sublevación de agosto de 1943 y la posterior fuga hacia la libertad, que también evoca esa otra gesta que fue Sobibor en octubre del mismo año. Ambos tienen elementos de indudable similitud: las condiciones extremas del campo, los deseos de libertad de algunos, la organización de la fuga con el temor permanente de ser descubiertos, la capacidad de burlar a los SS y a todos los que sostenían la seguridad del campo, la victoria definitiva a pesar de que la represión inmediata costó muchas vida y solo unos pocos lograron escapar finalmente.

Este libro, escrito en yidish en su versión original, se ha publicado por primera vez en español este 2014, y de inmediato se constituye en una nueva contribución a la historia del Holocausto y del interminable siglo XX. Se une así a esa lista larga y valiosa que integran figuras como Primo Levi, Viktor Frankl, Jorge Semprún, Imre Kertész y tantos otros que transformaron su vida en libros y sus biografías en memoria para todos los tiempos.

La presente edición tiene el valor adicional de integrar como epílogo el texto de Vasili Grossman “El infierno de Treblinka”. El historiador y periodista ruso acompañaba al Ejército Rojo y fue de los primeros en ingresar a la zona antes dominada por los alemanes, donde se pudo encontrar con la realidad de los campos de concentración y de exterminio. Sus páginas -a pesar de algunas exageraciones y frases de compromiso- son también elocuentes y bien informadas, y representan un valioso complemento a la obra de Rajchman.


Por Alejandro San Francisco