Opinión

Mariquita Pérez, qué elegante eres

Santiago López Castillo | Domingo 09 de febrero de 2014
Era lo más chic de los años cincuenta. Para el nene y la nena. Más para éstas que para aquellos. Que los Reyes echaran una Marquita Pérez, con tirabuzones y vestiditos de seda, era, como mínimo, una provocación para las crías de clase humilde. Al admirarla, los mocos se les hacían velas. Creo que mi hermana, ya casi en la adolescencia, fue agraciada con esta deseada muñeca. También las señoras madres soñaban con ella, llevaba pamela y vestidos de organdí. Por aquellos tiempos se estilaba la confección yendo a las modistas; tomaban medida, ponían alfileres de los acericos, cómo me sienta la sisa, vuelva usted la próxima semana a probarse y todos aquellos trapicheos de quienes hacían los vestidos a mano, aguja y dedal y máquina Singer.

- Por cierto, Clarita, el próximo día le traeré una Mariquita Pérez para que me le haga unos vestiditos…

Incluso había roperos a la medida. Pienso -aunque yo estaba más con los soldaditos de plomo y los cromos y los balones de reglamento- que las madres de las hijas, claro, disfrutaban más que sus crías. Ellas, las progenitoras ya con algunos posibles, vivían Mariquita Pérez como un sueño. Las mamás, de niñas, se sintieron felices, sin embargo, con una muñeca de trapo y nosotros, los chicos, con una pelota de papel y una piedra dentro para que no se la llevara el aire. Fue la portuguesa Leonor Coello de Portugal quien inventó la famosa muñeca en 1938 pero es a principios de los años 50 cuando comienza su esplendor comercial. Era el juguete de la admiración. La lusa creadora la puso en el mercado a imagen y semejanza de su hija Leito. Es más. Consiguió que el maestro Guerrero pusiera música a la letra publicitaria de la muñeca, en la que habían colaborado, entre otros, Jacinto Benavente, Regino Sainz de la Maza, Eugenio D’Ors y Gómez de la Serna. Lo que en la radio serían las “guías comerciales”.

- ¿Y usted por qué sabe esto…?

Mire: jamás jugué a las casitas. Ni a los médicos. Ni tuve ninguna desviación sexual. Todo lo contrario, con mis respetos, que estos exhibidores muestran en las televisiones, maricón el último. Lo sé porque Adrián Piera, maderas, a la sazón presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, me regaló la antología de canciones publicitarias desde los años 30 a los 50. En letra y música. En CD y en texto para ser propagado. Era el lenguaje de la radiodifusión española. El DDT, chas, no hay quién te aguante; tú, como el gas, la muerte das en un instante; Cafés la estrella, por su aroma se conoce; para rasguños y heriditas, Tiritas; es el Cola-Cao, desayunos y meriendas, o hojas Palmera, ras, ras y ya está, y aféitese la barbilla con máquinas de Padilla…

La mítica Mariquita Pérez hubo de competir, tras el éxito obtenido, con Gisela, Juanin, Pachuca, y un largo etcétera. Pero ninguna como ella. De ahí que 75 años después, unas riojanas hayan revestido aquella ilusión en trajes y complementos de forma artesanal. Toda una exposición. Cuya belleza comenzó a transmitirse casi en radios de galena.