Lunes 10 de febrero de 2014
Es un hecho que el lenguaje político no pocas veces se reviste de ambigüedades que pretenden ocultar las verdaderas intenciones. Un ejemplo palmario de ello es el cacareado eslogan del “derecho a decidir” repetido hasta la saciedad por el nacionalismo catalán, con la Generalitat a la cabeza. Pero por mucho que quieran disimular lo que auténticamente significa (la redefinición y recorte del sujeto de soberanía), no conseguirán engañar a la inmensa mayoría de los españoles. Éstos saben que lo que encierra la machacona coletilla no es otra cosa que una espuria pretensión a la secesión, apelando a un derecho que pierde su condición de tal al querer ejercerlo de manera unilateral y anticonstitucional. Así, la proclama secesionista encubre que quieren arrebatar ese mismo derecho a quienes, histórica (1812) y constitucionalmente (1978), lo poseen, es decir, a todos los españoles.
A veces, no obstante, la ansiedad o el descuido hace que esa hipocresía se desbarate. Es lo que ha ocurrido con las declaraciones del ex-vicepresidente del Gobierno catalán y ex-líder de Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC), Josep-Lluís Carod-Rovira, que, con la brusquedad que le caracteriza, ha dicho que los españoles no tienen derecho a votar en el referéndum sobre la soberanía de Cataluña, pues eso sería un verdadero disparate. Las declaraciones de Carod-Rovira, como se ve impecablemente democráticas, se insertan en una serie de recientes pronunciamientos de los secesionistas que ponen de manifiesto, por otro lado, unas claras desavenencias o la escenificación de un reparto de papeles en un chusco, si no fuera por la gravedad que encierra, a Dios rogando y con el mazo dando.
Abrió el fuego Francesc Homs, portavoz de la Generalitat, al señalar en Madrid, curiosamente en una reunión con empresarios a los que pedía árnica, que tras una hipotética consulta en Cataluña, después podrían votar todos los españoles. Aunque Homs mantuvo las prioridades nacionalistas -¿por qué primero unos y luego otros?-, esa posibilidad puso de los nervios a Artur Mas, que se apresuró a desautorizar a su portavoz, dejando claro que solo deben decidir los catalanes, no vaya a ser que sus socios de ERC, que le están rebasando y siempre están vigilantes, se le echaran encima.
Ahora, Carod-Rovira, a rostro descubierto y sin ambigüedades o subterfugios lingüísticos, ha dicho lo que en verdad piensan todos los secesionistas: que ese derecho a decidir es exclusivo de los catalanes. El resto de los españoles no solo no tiene ese derecho sino que es disparate que no se pliegue a hacer mutis por el foro ante el intento de destruir la patria común que a todos nos une. El señor Carod-Rovira y el secesionismo no deberían olvidar que en determinadas circunstancias o jugamos todos o se rompe la baraja.
TEMAS RELACIONADOS: