Cultura

Bimba Bosé: "Queremos igualdad, pero no hay porqué imitar a los hombres y acabar como la Merkel"

estrena [i]Antipasti[/i], junto a Julia de Castro

Laura Crespo | Viernes 14 de febrero de 2014
No es sólo San Valentín. A partir del 14 de febrero y hasta el 14 de marzo, el rojo pasión será el color de los viernes en el Teatro Nuevo Apolo con el estreno de Antipasti, un “concierto dramatizado” que une a la actriz Julia de Castro y a la polifacética Bimba Bosé encima de un escenario. Música, cocina y amor sostienen el montaje, dirigido por David Priego Salido e hilado en base a 16 temas del repertorio popular italiano contenido entre Mina y Raffaella Carrà, interpretados con banda en directo. El resultado es un retorcimiento de las clásicas ‘varieté’ de la mano de dos intérpretes que sudan sensualidad bajo los focos e invitan al público a meter las manos en harina. Sin renunciar al leopardo y las lentejuelas, Antipasti “reivindica el lugar de la mujer en la cocina desde la propia elección”, según nos cuenta Bimba Bosé.

Canción popular italiana, harina, leopardo, lentejuelas y la sensualidad a flor de piel. Con todos estos ingredientes, ¿cómo definiría Antipasti?
Es un concierto dramatizado. Hay texto, claro, pero es sobre todo algo musical. Lo que queremos es contar lo que nos emociona y nos transmite este tipo de música, la cocina y el amor.

¿Qué es lo que une comida y amor?
El estómago, directamente. El estómago es lo que nos conecta con el amor, con las emociones y, por supuesto, con la comida. Todo va ahí al final, todo acaba en el mismo lugar.

¿Cuál es su plato estrella cuando quiere conquistar por el estómago?
Sinceramente, no tengo ninguno, pero la pasta no se me da mal. Creo que es una buena base para enamorar. Luego depende de los ingredientes que le pongas.

¿Cuánto tiempo hace falta para cocinar un amor ‘al dente’?
Siempre hay que contar dos minutos menos de lo que pone en el paquete.

¿Por qué canción italiana de los 60 para hablar de amor y cocina?
Nos fascina esa música. Por ejemplo, la primera canción, con la que abrimos, es Tintarella di luna, de Mina. Se trata de una presentación del tipo de mujer que van a ver en el espectáculo, que no es una mujer convencional, no responde al típico patrón. Es una mujer que no toma el sol sino que toma la luna, va un poco a la contra. Anti-pasti.

Un tipo de mujer que está representado en Antipasti por Hortensia (Julia Castro) y Eleonora (Bimba Bosé). ¿Qué podría decir sobre ellas?
Son mujeres muy clásicas, fuertes y reivindicativas. Las dos tienen una autoestima muy alta y están súper orgullosas de sí mismas. Hortensia es más dulce y Eleonora, un poco más arisca, pero se complementan muy bien entre ellas.

Las dos se calzan la licra de leopardo para cocinar…
¡Hombre claro! ¿Por qué no? La lentejuela, el brillo y el leopardo no tienen porqué estar reñidos con la cocina.



¿No cree que a veces la reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres genera rechazo de un sector femenino hacia actividades, como la cocina, que tradicionalmente se han identificado con el papel de la mujer?
Sí. Una mujer independiente y moderna también puede estar en la cocina, pero porque ella lo haya decidido, no porque tenga que estar esclava de algo que no le corresponde. Reivindicamos la vuelta a todo eso, pero por decisión propia, no porque cultural o ideológicamente estés destinada a eso. Reivindicamos, incluso, que hoy en día, la cocina o la gastronomía parece que pertenece más a los hombres. ¿Por qué ya no hay programas de cocina con mujeres? ¿Dónde está Elena Santonja? Parece que al final los hombres se apropian de algo que tradicionalmente ha sido nuestro. La obra tiene un punto feminista fuerte, sin ser radical. Reivindicamos nuestro sitio en la cocina desde la propia elección.

¿Se necesita hoy con más fuerza la reivindicación feminista?
Sí, sobre todo porque los ritmos están cambiando. La gente ha salido de la burbuja y quiere ver la realidad. Por un lado, está bien que la mujer quiera obtener los puestos de trabajo que han tenido los hombres durante mucho tiempo. Pero, por otro lado, lo veo incluso un poco forzado a veces. ¿Por qué querer intentar ser como los hombres si no somos hombres? Somos mujeres, tenemos muchísimas cualidades y queremos que haya igualdad, pero no hay porqué imitar lo que hacen los hombres y acabar siendo como la Merkel, que da miedo. No sé hasta qué punto queremos ser eso. Lo peligroso es que se pierda la identidad de lo que es una mujer, que puede amar a hombres o a otras mujeres, que puede tener amantes o no tenerlos y que puede estar tanto trabajando fuera como en la cocina, pero porque ella lo decida.

Desde luego que Bimba, como mujer, no se ha perdido una. Ha trabajado fuera, a la vista está, y también le ha dado tiempo a, dentro, ser madre de dos niñas. En diciembre publicó Y de repente, soy madre, un encargo de una editorial para dar “un punto diferente” a la maternidad. ¿En qué radica esa diferencia?
Primero, en que a una de mis hijas la tuve en casa, y eso ya es muy ‘heavy’. Creo que no todo el mundo tiene esa capacidad de decisión y muy poca gente se atreve a hacerlo, sobre todo porque las instituciones tampoco apoyan en este sentido. Los hospitales te dicen que estás loca si quieres tener un hijo en casa y te advierten de que te atengas a las consecuencias. Creo que ese trabajo daba una visión totalmente distinta, era lo que a mí me hubiera gustado encontrar en un libro de maternidad: comprensión y honestidad desde el punto de vista de alguien que la ha vivido en circunstancias muy diferentes. Aporta la comparación entre dar a luz en un hospital, pero de forma totalmente natural, como lo hice con mi primera hija, y en casa, como decidí con la segunda. También habla del proceso, de cómo me siento como embarazada y cómo se puede compaginar eso con el trabajo, con la familia y los amigos. Creo que cualquiera lo puede leer. Hay también ilustraciones de David Delfín, una selección musical que acompaña los capítulos, recetas, ejercicios, posturas de yoga y hasta una relación de centros educativos no convencionales, con otras propuestas de educación. Es algo más que un libro didáctico.

Después del primero, ¿no se despiertan las ganas de seguir escribiendo?
No tengo ni idea. La verdad es que me cuesta mucho escribir. Ahora he hecho el prólogo de una edición La señorita Dalloway, de Virginia Woolf. Me encantaría escribir algo, pero no sabría qué. Novela, por supuesto que no porque me parece dificilísimo, pero sobre mis experiencias y mis vivencias, ¿por qué no? Siempre que pueda, que tenga ayuda y que considere que es algo que va a hacer bien a tres o cuatro personas por lo menos, pues sí. Me gusta compartir.

Hablando de apoyos… Antipasti nace sin el de una gran productora, a pesar de que intentaron que así fuera. ¿Cómo han sacado esto adelante?
Nosotros hemos producido el espectáculo. No habido más apoyo que el de dos marcas, pero con muy poco presupuesto. Ahora mismo, no hay nada en este país que apoye la cultura. Ni la música, ni el teatro, ni el cine… nada. No sé dónde están los presupuestos. Normalmente se recurre a marcas y a empresas privadas porque es mucho más fácil, pero lo que son ayudas gubernamentales, cero.



¿Qué consecuencias puede tener esto en un plazo de, por ejemplo, diez o quince años?
Que la gente va a estar mucho más quemada de lo que ya está. Es una desgracia. Se mina mucho la autoestima del país quitándole también el entretenimiento y el espectáculo. Lo poco que hay, se sostiene gracias a gente del propio sector. En realidad sólo tendríamos que imitar modelos que ya existen y que funcionan en Inglaterra o en Francia. Los actores franceses, por ejemplo, tienen ayudas del tipo prestación por desempleo, porque saben que durante muchos momentos de su vida, como ensayos o preparación de proyectos, no van a estar trabajando. Las cosas tienen aquí unos procesos muy diferentes a los de cualquier otro tipo de trabajo. Hay que entender primero de qué va la historia y el problema es que no hay interés, no se escucha. Muestra de ello es que ahora cogen y bajan el IVA a los que menos lo necesitan, a los que se dedican a las galerías de arte, que ganan una millonada por vender un cuadro. ¿Por qué no nos lo bajan a nosotros? Esto es una profesión súper inestable y nadie nos ayuda.

El Gobierno anunció hace poco su intención de intentar bajar el IVA cultural también al 10 por ciento. ¿Confía?
No valen amagos ni ‘a lo mejor’… ¡que lo bajen ya! Si hay una queja, que escuchen a los ciudadanos. No es sólo el de ahora, ningún Gobierno de España de los últimos veinte años ha escuchado, y somos nosotros los que vivimos la realidad, no ellos, que viven una burbuja. Es muy triste.

Aunque su carrera profesional es diversa donde las haya, siempre se ha movido en este sector difícil de la industria cultural (música, teatro, editoriales…) y, aún así, se puede decir que le está yendo bien. ¿Se considera afortunada?
Siempre me considero muy afortunada. Creo que la dinámica que llevo, el hecho de estar ahí todo el rato, es lo que me permite seguir trabajando, ir cogiendo proyectos. También he de decir que en este mundillo, la mayoría de las cosas no las cobras. Yo no voy a una fiesta y me pagan dinero. Mucha gente cree que esto es así porque hay mucha mala en las redes sociales que está todo el día criticando y diciendo que vivimos del cuento. Pero es que así es este trabajo. Yo no ficho en una oficina todas las mañanas, pero tengo que ir a una fiesta, me apetezca o no, para que me vean, se acuerden de mí y me llamen para contratarme. Así de absurdo es el mundo del espectáculo. Luego dicen que la farándula es endogámica. ¡Claro! Al final somos cuatro que nos movemos por donde nos tenemos que mover. A mí me encantaría estar en mi casa estudiando, leyendo o generando nuevos proyectos, pero no puedo porque tengo que ir a hacer cuatro fiestas, partir una tarta, dar la cara y posar en un photocall. Es parte de nuestro trabajo.

Antipasti es, en la cocina italiana, un entrante. ¿Es que nos vamos a quedar con ganas de más?
De eso se trata, de que el público se quede con ganas de más y vuelva para repetir el plato. Con el antipasti uno se puede quedar muy saciado, pero creo que la gente saldrá del espectáculo tarareando y con ganas de comerse un plato de pasta o hacer el amor, una de dos.

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