cine

Cuando todo está perdido: Robert Redford se pone a prueba

crítica de cine

Domingo 16 de febrero de 2014
De los artistas veteranos, con más galardones y reconocimientos de los que cabrían en un gran salón, suele decirse que ya no tienen nada que demostrar. Sin embargo, quienes puedan pensar algo así, estarán obviando lo más importante: un verdadero artista, en este caso un actor, no se siente vivo y completo sin continuar haciendo aquello para lo que ha nacido. Además, cada vez mejor, hasta que lo permitan sus años y sus fuerzas. Por eso, si su carrera se ha visto colmada de éxitos de modo que ya no necesite trabajar para ganar más dinero, puede permitirse el lujo de “arriesgar”, con tal de que el posible riesgo le proporcione la posibilidad de alcanzar un reto nuevo. Es decir, de ponerse a prueba. Redford, desde luego, lo tuvo claro a la hora de aceptar su último trabajo, un guión de 120 páginas que no incluye ningún dialogo y en el que él es, no sólo el protagonista absoluto, sino el único personaje. Con permiso, claro, del mar, el sol, las tormentas o los tiburones.

A sus 77 años, visibles pero excepcionalmente bien llevados, Robert Redford ni siquiera permitió que un especialista se encargara de rodar las escenas más peligrosas. Y, desde luego, las hay a cada paso. Porque a su personaje, literalmente, le pasa todo lo peor que uno puede imaginarse que pueda ocurrirle a quien se aventura solo en el océano Indico en un velero de 12 metros de eslora. Así, desde que se abre una vía de agua después de chocar con un contenedor extraviado en medio del océano, todo lo que parece solventar el personaje sirve, únicamente, para que el siguiente contratiempo le coloque en una situación aún más delicada. Empezando por la terrible tormenta a la que se enfrenta el solitario patrón de la embarcación, justo cuando acaba de parchear la cubierta y achicar todo el agua que, de paso, ha destruido el equipo de radio. Ya pueden imaginarse a Redford luchando contra vientos, olas de varios metros y, por supuesto, agua. Por todos lados. El actor, de hecho, ha confesado que lo más terrible del rodaje fue tener que estar siempre empapado, con la ropa fría y pesada pegada al cuerpo, con miedo, incluso, a caer enfermo en cualquier momento. No es de extrañar que en las entrevistas le pregunten muchas veces si realmente tenía necesidad, a estas alturas de su carrera y de su vida, de demostrar a nadie que podía hacerlo. El oscarizado actor asegura que lo más probable es que necesitara demostrárselo a él mismo.

Así que, sin diálogos, sin recurrir a especialistas ni a efectos especiales – solo se usaron para los paisajes y algunas olas -, el filme que acaba de estrenarse en nuestro país se convierte en una ocasión para que los fans de Robert Redford, o de la pura interpretación en general, disfruten, como pocas veces, de él. No esperen, eso sí, que la originalidad del producto final, rodado en la costa de Los Ángeles, en Bahamas y en el enorme tanque con tres piscinas construido por James Cameron para Titanic, se traduzca en una película de las que logran mantener casi en cada plano la atención. De hecho, a medida que avanza la acción y los problemas surgen por doquier, la cinta pierde intensidad y al espectador, lo mejor que le queda es centrarse en la genial interpretación de uno de los actores que, por fortuna, ha conseguido ser un mito sin tener antes que morirse.

TEMAS RELACIONADOS: