Opinión

El tiempo

Santiago López Castillo | Domingo 16 de febrero de 2014
Desde los años setenta, la información meteorológica viene gozando de gran predicamento. Eran los tiempos del “hombre del tiempo” con Mariano Medina, su hermano Vicente, Eugenio Martín Rubio… hasta que apareció por primera vez una mujer: Pilar Sanjurjo, que daba los pronósticos con melosidad gallega. Recuerdo que cuando se inauguró el telediario en la 2, siendo director general Rafael Anson, y usted presentaba aquel informativo ómnibus, se acercó el jefe de la Casa a la meteoróloga que, fuera del decorado principal, entre bambalinas, interpretaba los pronósticos a base de “banderitas” antes de salir “al aire”: la lluvia, paraguas; buen tiempo -según se mire-, soles estallantes; tormentas, relámpagos y truenos, signos de detonación, etcétera. En esas que el director general, ella vuelta de espaldas porque, ya digo, estaba interpretando la situación atmosférica, va y le pregunta:
“-¿Qué tal tiempo en Canarias…? Es que mañana tengo una reunión en Las Palmas”.

La galleguiña, siguiendo con su cometido, le espetó:
“- Oye, déjame en paz”.

Quiso morirse. Al darse la vuelta, y comprobar quién era su interlocutor, Pilar Sanjurjo se puso roja como un tomate. La anécdota no pasó de ahí y todos los que presenciamos la escena nos descojonamos de risa.

Luego, y viniéndonos a estos tiempos más recientes, surgió con fuerza José Maldonado que daba las previsiones con su peculiar acento andaluz. Era meteorólogo. No, en cambio, Montes de Oca, que había venido de Canarias donde era sencillamente locutor. Pero lo que le importaba era dar la cara o la jeta. Y el telespectador, que desconocía su verdadera especialidad, le admitía con su acento de sabandeño dulcificando el mal tiempo. Ahora, en la lexicografía del tiempo, se ha incorporado un palabro que nuevamente ha sacudido a España o lo que queda de la piel de toro: ciclogénesis en grado sumo. Con lo sencillo que es decir tornado, ciclón tropical, borrascas, nubes mastodónticas, llamadas en este lenguaje seudo-científico mamantus, manda huevos en nueva versión. Y no digamos los nombrecitos de “pila” que les ponen a los tifones, huracanes, tempestades, la leche.

Sin embargo, diría que el españolito de a pie acoge la sección meteorológica con más fervor que los deportes. Por cierto, el que se afeitó el bigote por no acertar la previsión del tiempo fue Martín Rubio, un cachondo en toda la línea. Vaya usted a saber si estaba -es una licencia periodística- con el mes.

PD.- Con mi recuerdo a la hija de Antolín García, gran profesional de TVE, Marta, que “hacía el tiempo” en la televisión pública, y se nos fue en una ventisca. A Pedro Jota, que se creía el más liberal e inmortal del universo, se lo llevó una borrasca que entró por el centro-derecha.