Martes 18 de febrero de 2014
La muerte de 15 subsaharianos que pretendían alcanzar a nado las costas españolas es sólo el último episodio de un dramático problemas que no tiene visos de solución. Dicho problema no es exclusivo de España; antes al contrario. Italia -con la reciente tragedia de la isla de Lampedusa-, Malta o Grecia lo padecen también con parecida intensidad, e igual impotencia a la hora de afrontarlo.
En el caso español, se estima que hay más de 30.000 subsaharianos preparados para intentar entrar a Europa a través de España. La recurrente estrategia de apelar a la demagogia, empleada reiteradamente por PSOE e IU no resuelve nada. Las Fuerzas Cuerpos de Seguridad están desbordadas ante un hecho que excede de sus funciones. Son los políticos quienes deben tomar cartas en el asunto, en lugar de derivar responsabilidades en este caso hacia una Guardia Civil cuya labor -susceptible de errores, como es natural- suele ser ejemplar.
Si alguien ha actuado de manera irregular, deberá afrontar las consecuencias. Con todo, no debe olvidarse que la tragedia de Ceuta es sólo la punta del iceberg de un problema mucho mayor, y que si algo así pasa en febrero -con mala meteorología-, cuando lleguen la primavera y el verano la afluencia de pateras puede originar serios incidentes.
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