Opinión

La equidistancia del PSOE con CIU y Esquerra

Viernes 21 de febrero de 2014
Ayer jueves se escenificaba en el Congreso la unidad de los dos principales partidos más UPyD contra el órdago secesionista de Artur Mas. 300 diputados de 350 con que cuenta el Hemiciclo intentaban trasladar una imagen de cohesión frente al nacionalismo catalán, rota en añicos poco después por Alfredo Pérez Rubalcaba. No había pasado ni una hora desde la votación parlamentaria cuando el líder del PSOE anunciaba que su partido no volvería a suscribir iniciativas de este tipo, argumentando que “no se puede estar cada quince días diciendo que no a Cataluña”.

¿Hay que decir que sí, entonces? ¿O quizá intentar mirar hacia otro lado, como parece hacer Mariano Rajoy? Está claro que nada de lo puesto en práctica hasta la fecha ha tenido éxito alguno: ni la huída hacia delante de la Generalidad con su empeño en mantener la consulta ilegal que rompe la soberanía nacional, ni la negativa como única reacción por parte del Gobierno central. Hace falta menos empecinamiento y más política, con mayúsculas. Y hace falta igualmente que el Partido Socialista, con su líder a la cabeza, arrime el hombro de una vez por todas en lugar de mantener una ambigüedad que, hasta la fecha, sólo le ha servido para renunciar a sus principios filosóficos más elementales, convirtiéndose en una fuerza cuasi residual en Cataluña.

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