Sábado 22 de febrero de 2014
Parece que Viktor Yanukóvich ha entrado en razón. Tras horas y horas de conversaciones en una larga y tensa noche, el presidente de Ucrania ha abandonado su férrea postura y ha llegado a un acuerdo con la mayoría de la oposición, tutelado por los ministros de Exteriores de Polonia, Francia y Alemania, y en presencia también de Vladimir Lukin, enviado especial del mandatario ruso Vladimir Putin. Según el pacto, se prevé la celebración de elecciones anticipadas en un corto plazo, probablemente este mismo año, la formación casi inmediata de un Gobierno de unidad y restaurar la Constitución de 2004, que limita los poderes del jefe del Estado, y que fue reformada por Yanukóvich en 2010 con el propósito de que la norma no le afectara y caminar hacia un poder de tintes autoritarios cada vez más omnívoro. Pero en ese camino, Yanukóvich se encontró de frente con los ciudadanos que iban en una dirección opuesta a la del presidente. La mayoría de los ucranianos demandaban una consolidación de las libertades y la integración en la Unión Europea (UE), la mejor garantía para que fuera posible un futuro de progreso.
Ante los oídos sordos de Yanukóvich y su entrega a la Rusia de Putin, que puso todo su empeño en que Ucrania no se escapara de su órbita de control, los ucranianos se echaron a la calle, lanzando un órdago al Presidente que éste quiso aplastar a sangre y fuego. Se desencadenó una masacre, en la que no se ahorraron los más siniestros elementos de muerte y destrucción, utilizándose hasta francotiradores que disparaban indiscriminadamente contra los manifestantes. La UE intentó desesperadamente detener la sangría con escaso éxito, pero al final sus gestiones y llamamientos -acompañados de unas primeras sanciones- no han caído en saco roto y han propiciado este acuerdo. Un acuerdo que abre una vía de esperanza, alejando la sombra de una guerra civil en un larguísimo conflicto que se enquistase, pero que no soluciona el problema de un plumazo.
Es un signo positivo que la Rada Suprema, Parlamento ucraniano, haya aprobado no solo esa recuperación de la Carta Magna de 2004, sino una ley de reforma del código penal que hará posible que la líder opositora Yulia Timoshenko salga de la cárcel. Asimismo, ha destituido al ministro del Interior por el uso de la violencia contra los ciudadanos, ha condenado el empleo de la fuerza y ha anunciado una amnistía para los opositores detenidos. No obstante, parece que hay un cierto escepticismo en el Maidán -donde los allí congregados no han abandonado sus posiciones- sobre el acuerdo y que algunos piden la cabeza de Yanukóvich. Resulta decisivo que en esos momentos, ciertamente delicados, no se atrincheren en sus tesis los radicales de uno u otro bando, y que se refuerce y cumpla en todos sus términos el acuerdo sin dilaciones ni maniobras de distracción, que podrían volver a prender con rapidez la mecha. La comunidad internacional ha de estar muy atenta a lo que vaya sucediendo en Ucrania.
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