Santiago López Castillo | Domingo 23 de febrero de 2014
Morro es poco, dejémoslo en hocico. El químico prodigioso -también vale “Carpanta”, el de los tebeos, o la caricatura de “Anís del Mono”- está que se sale. Leña al mono, que es de trapo, pero a la inversa, que es Rajoy, quien en este juego de caricaturas usted le viene calificando de fraile motilón. Hasta que se hizo Saulo y se cayó del caballo en Valladolid y antes en Valencia, no sé si con uve, aventajados alumnos de la LOGSE, señor Rubalcaba, hijo de franquista, no es ningún delito, todos somos de nuestro padre y madre menos las abortistas.
El portacoz del Gal, vicetiple de la Crisis, what crisis, Supertramp, se crece ante los ataques de la derecha, poquitos, poquitos. Censor, manipulador, controlador de TVE, ahora y siempre, tiene la desfachatez de decirle al presidente del Gobierno que a él no le calla ni Dios. Agitador, supuestamente, siempre con el socorrido papel de fumar, del movimiento 15-M, guerrista y guerrero contra el aborto del PP, derecho a decidir, igual que la independencia de Cataluña, un no pero sí, federalismo métrico o asimétrico, a lo Maragall, España en añicos, se rasga las vestiduras cuando lleva quinquenios agitando a las masas y últimamente alentando a las hembras en bolas contra Rouco Varela, derechos de la mujer.
Bueno, pues aunque la derecha extrema lleva décadas sin existir, afortunadamente, él, Pérez Rubalcaba, las revive como las ascuas del brasero atizadas por el fuelle. Para eso es un químico prodigioso. Y el Gamonal, que yo creía que era un restaurante de la sierra norte de Madrid, tierra de gamones, cerca de donde vivo, es una revolución a muerte. Ya nadie come ahí. En el Gamonal, comidas. Luego la revolución pasa por Alcorcón, eso está más abajo, pero es que el consistorio lo rige un hombre del PP; a por ellos, oé. Y no hay que ser un augur para darse cuenta de que desde ahora hasta las elecciones europeas y no digamos las generales, España -o lo que quede de ella- será un polvorín a prueba de bombas. Madrid, al menos, es el manifestódromo por excelencia; un millar de grescas al año, la calle es nuestra. Y ahora Ceuta y Melilla, todo es bueno para el convento. Cuán demagogos y miserables son algunos socialistas que han cogido cacho para la contienda electoral denigrando a la Guardia Civil, institución benemérita, valga la redundancia, y aprovechándose de las muertes de los emigrantes olvidándose de las víctimas durante el mandato de Zapatero, señora Valenciano, que si se muerde la lengua se envenena.
En este interregno, el secretario general del PSOE se pertrecha con bagajes y bagatelas. Quiere seguir. Martín Villa nació en un coche oficial, y aun continúa. En un alto cargo administrativo. Buen ejemplo. Me inclino, sin embargo, por García-Page, alcalde de Toledo, que se crió a los pechos de Pepe Bono. Le tuvo poco más que un fiel secretario. Pero el humilde servidor llegó a descubrir que el oropel no se exhibe sino que se lleva en secreto. Y que se puede ostentar con dignidad y sin complejos el cargo.
Ya dijo Bernard Shaw: “Los políticos y los pañales han de cambiarse a menudo”.