Andrea Donofrio | Domingo 11 de mayo de 2008
Como consecuencia de un resultado tan nítido, Silvio Berlusconi ha podido presentar su nuevo gobierno en tiempo récord para Italia. Lamentablemente la velocidad representa la única sorpresa de un nuevo ejecutivo compuesto por 21 ministros, doce con cartera y nueve sin, 17 hombres y tan sólo 4 mujeres, 17 del Pueblo de la Libertad y 4 de la Lega.
En su formación, parece evidente la voluntad berlusconiana de construir un “gobierno del premier” y consecuentemente, ha ideado un equipo a “su imagen y semejanza”. El nuevo gobierno evidencia plenamente su liderazgo al mismo tiempo que ofrece una “imagen joven y mundana”. El interés alrededor del nombramiento de una ex concursante de Miss Italia permite pasar en un segundo plano la inexperiencia y ambigüedad de muchos componentes del nuevo equipo. Un gobierno más preocupado por la estética que por la sustancia, elecciones dictadas más por la lógica del equilibrio dentro de su formación que por la real capacidad de los seleccionados. Además, resulta evidente la falta de figuras externas al mundo político, pertenecientes a la sociedad civil, que hubieran podido aportar sus conocimientos en la actividad política. La elección de los miembros del gobierno ha recaído sobre hombres de confianza, personajes fieles al Cavaliere, que le permitirán “actuar” tranquilamente sin crear obstáculos. La huella personal y el deseo de gestionar de forma directa algunos ministerios claves resulta evidente, como confirma la ausencia de un vicepresidente. Repetirán personajes controvertidos, que en pasado han causado problemas internacionales (léase Libia, mundo árabe, Unión Europea) y cuya reelección ya ha generado las primeras preocupaciones.
Terminadas las celebraciones electorales, Berlusconi debería preparase a gobernar. Sería deseable que la prisa demostrada a la hora de formar el gobierno se convierta en una acción inmediata, fuerte y decidida para enfrentarse a los problemas nacionales: Alitalia y la ininterrumpida emergencia basura necesitan medidas urgentes y contundentes. Posteriormente, habrá que actuar una serie de reformas fundamentales, como la reforma de la ley electoral o del sistema fiscal. Sin embargo, el nuevo gobierno parece carente de competencia y preparación: no se trata de una cuestión de edad, sino de una mera constatación de la realidad. De acuerdo con Sartori, es difícil entender por qué Berlusconi, que se presenta como “el perfecto empresario”, no utiliza los mismos criterios que adoptaría en su empresa a la hora de “contratar los miembros del gobierno”: quizá las decisiones responden a una misma estrategia y lógica en la gestión de sus empresas, la estatal y la personal.
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