Opinión

Yanukóvich, el pro ruso

Francisco Delgado-Iribarren | Martes 25 de febrero de 2014
Entre los acontecimientos históricos y trascendentales que está viviendo Ucrania, hay uno que es particularmente irresistible. Se trata de la entrada en la mansión de Yanukóvich de miles de ciudadanos ucranianos, que hasta ahora no tenían ni pajolera idea de cómo era la casa donde vivía el presidente depuesto.

Los visitantes, y perdonen las expresiones porque hay que ser muy gráficos, lo están flipando en mil colores, se están quedando a cuadros, o, por escribirlo bien, están inmersos en la más absoluta estupefacción. “Esto es obra de un hombre que no tiene derecho a considerarse ciudadano de Ucrania”, valoraba apesadumbrado uno de ellos.

En la mansión de Víktor Yanukóvich cabía toda Ucrania. Si el líder del Partido de las Regiones siguiera viviendo en ella, podría invitar a boxear a su ring al grandullón de Vitali Klitschko, ex campeón de los pesos pesados y líder de la Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma. En la pista de tenis cubierta podría intercambiar raquetazos con Yulia Timoshenko, la inspiradora ex primera ministra encarcelada por el propio Yanukóvich… ¡por abuso de poder! Así se medirían en pie de igualdad el pro ruso y sus adversarios pro europeos.

Si cualquiera de estos duelos se pusiera feo para sus intereses, Víktor podría meter a todos sus seguidores rusófilos en esa especie de Arca de Noé que tenía amarrada en el estanque del jardín. En la travesía lo pasarían bien, pues el arca atesora en sus bodegas alcohol de primera calidad, y encima con la cara del gran Yanukóvich estampada en la etiqueta de las botellas. El vodka mitigaría la ausencia del líder pro ruso, pues este tiene por costumbre coger el helicóptero, que le queda todavía más cerca de su habitación.

En las 180 hectáreas de finca no falta un invernadero de 3.500 metros cuadrados, un zoológico, un campo de golf privado, una colección de decenas de coches y motos de época, falsas ruinas griegas y esculturas de conejos y ciervos, entre otros animales. En el interior, brilla el oro por doquier. Hasta la papelera del cuarto de baño es de oro. Todo para compensar la inmensa labor de un hombre que se desvivía por su país y que, según él mismo blasonaba, estaba del lado de los pobres.

Víktor Yanukóvich, que fue militante del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1980 y 1991, fue condenado a 5 años de cárcel en su juventud por delitos comunes, entre ellos un atraco junto con la banda criminal Pivnovka. Tuvo suerte: la pena se le rebajó con motivo del 50º aniversario de la Revolución bolchevique. Ya desde el cargo de primer ministro, el pro ruso se propuso adecentar su currículum, obteniendo los títulos de Doctor en Ciencias Económicas y Profesor. Sus opositores no dudaron en sacar a relucir sus errores ortográficos y conceptuales para denunciar el fraude académico.

Yanukóvich, como buen pro ruso, lleva en sus genes los vicios de Rusia. Del pasado comunista –ya se sabe, el “todo es de todos”- a una posterior deriva caracterizada por la corrupción, el autoritarismo –guardaba listas de opositores políticos en su choza- y la pobreza de la población. El salario medio de los ucranianos no llega a los 400 euros mensuales. Por eso muchos de ellos se acercan a la antigua mansión del presi para “ver con sus propios ojos” que se ha ido y la “pesadilla” ha terminado, según informa Mikel Ayestarán desde allí. La residencia ya ha sido devuelta al Estado.
Las comparaciones pueden ser odiosas y hasta peligrosas, pero en este caso hay que felicitarse de que la finca del ucraniano deje en humildes casitas los flamantes casoplones de nuestros expresidentes: Zapatero en León, el dueto Aznar-Botella en Marbella y Felipe González en Guadalupe, Cáceres. El de Yanukóvich iba más en la senda del Rancho Neverland de Jacko, Michael Jackson.

El avance de la Unión Europea es imparable y muchos ucranianos quieren occidentalizarse. Es natural. Seguramente Ucrania llegue a ser un día Estado miembro. La voluntad de la UE es que todos los Estados de Europa formen parte de esta organización supranacional. Muchos de los antiguos territorios del Pacto de Varsovia se han adherido en los albores de este milenio a la Unión: Estonia, Letonia, Lituania, la República Checa, Eslovaquia, Polonia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. La tendencia de Europa es a unirse y de oeste a este. Charles de Gaulle soñaba con una Europa de las Patrias más proclive a un entendimiento con Rusia que con los Estados Unidos de América.

Para que este acercamiento sea posible las antiguas repúblicas soviéticas no adheridas a la UE tienen que avanzar en transparencia y mejorar sus sistemas democráticos. Ucrania debe convocar en cuanto sea posible elecciones libres para recuperar la legitimidad democrática que ha perdido. Porque el personaje de Yanukovich recuerda demasiado al del cerdo Napoleón de la Rebelión en la granja de George Orwell: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

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