Domingo 02 de marzo de 2014
El Parlamento ruso aprobaba ayer tarde el despliegue de tropas rusas en Ucrania, a petición de Vladimir Putin. Sobre el papel, este acto supone la invasión militar en toda regla de un país soberano, con imprevisibles consecuencias. Nada más conocerse
el resultado de la votación, el presidente en funciones de Ucrania, Oleksander Turchinov, convocaba una reunión de emergencia con la cúpula de las fuerzas de seguridad; paso, por lo demás, esperable. Se constata así la actitud manifiestamente hostil de Moscú, actitud que bien podría ser tildada de “acción beligerante”.
La excusa esgrimida por el Parlamento ruso se basa en el acuerdo alcanzado entre la Flota del Mar Negro rusa y las autoridades crimeas para permitir la entrada de militares rusos en la península, con objeto de proteger las instalaciones de la Marina rusa en Sebastolpol. Excusa, que no razón fundada, pero que ha servido para que la decisión de Putin deje en entredicho a la Unión Europea y a Estados Unidos, sin capacidad de reacción. Hay quien ha querido ver una similitud entre el despliegue de Putin y la bltizkrieg de Hitler en 1939, cuando tropas alemanas invadieron Polonia para proteger a la población germana que vivía en el corredor de Danzig, dando así inicio a la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, la situación ahora en Ucrania es más que preocupante; en gran medida por el belicismo de Rusia.