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Alicia Huerta: Los nombres que jamás serán pronunciados

RESEÑA

Domingo 02 de marzo de 2014
Alicia Huerta: Los nombres que jamás serán pronunciados. Palabras de Agua. La Coruña, 2013. 490 páginas. 19,95 €

Con Los nombres que jamás serán pronunciados, Alicia Huerta publica su tercera novela y sigue creciendo como escritora. Alicia Huerta, columnista de El Imparcial, donde también ejerce la crítica de cine y de ópera, saltó a la palestra literaria hace pocos años con Delirios de persecución, donde, con el trasfondo del robo y tráfico internacional de obras de arte, se nos sumerge en la existencia de Marcos, que debe enfrentarse a una angustiosa situación límite después de la desaparición de su hijo y de su mujer, Claudia, que padece manía persecutoria. Después, dio a la imprenta Cosas que ocurren aunque tú no las veas en la que, a través del personaje de Elisa, se plantea un sugerente argumento en torno a los secretos que pueden ocultar quienes nos rodean, sobre todo aquellos a los que pensamos conocer mejor, en el que queda patente el poder de lo invisible.

Secretos y mentiras surcan también las páginas de la última entrega de Alicia Huerta, que en sus tres novelas aparecidas hasta ahora, además de proporcionarnos entretenimiento, nos lleva sagazmente a reflexionar, entre otras cuestiones, sobre lo que esconde en la más aparentemente inocua cotidianidad, sobre el torbellino de sentimientos, no pocas veces encontrados, que agitan al ser humano, sobre el ascendiente del azar, y sobre el dolor y situaciones difíciles y la fuerza para superarlas. Con, lógicamente, distintos asuntos e historias, los tres títulos revelan algo consustancial a todo verdadero escritor como es la posesión de una cosmovisión personal impregnada de autenticidad.

En Los nombres que jamás serán pronunciados se denuncia una realidad que ha conmocionado últimamente a la sociedad española: la existencia de una red organizada que se dedicaba al robo de bebés en los hospitales, tras decir a sus madres que el niño había nacido muerto. Luego, el pequeño se vendía al mejor postor. Una realidad en principio difícil de admitir, pero, desgraciadamente, algo que sucedió: “¿Cómo iba alguien a urdir una trama tan maléfica? Eso sería, sin duda, lo que me diría Héctor, Sin embargo, él, mejor que nadie sabía mucho de planes impensables que se ponían en marcha sin importar las consecuencias para lograr el objetivo propuesto”, apunta Silvia Salgado, protagonista de esta obra. Aportar su granito de arena en el conocimiento de tan turbio y condenable asunto es uno de los fines de esta novela, en palabras de la propia autora, quien también ha tratado del tema en algunas de sus columnas.

Pero la obra, ambientada desde la década de los sesenta hasta hoy, no se restringe solo a esa denuncia, sino que aborda otros hechos -como las actividades de espionaje del SECED, creado por Carrero Blanco-, y da vida a una galería de personajes creíbles, empezando por su protagonista, Silvia Salgado, que toma directamente la palabra como voz narradora en la primera parte del libro, de las dos en que está dividido. El secuestro fortuito de Silvia, junto a su vecina Beatriz, en su propia casa provoca que su trayectoria se encamine hacia lo inesperado y convierta a Silvia en una superviviente que tendrá que enfrentarse a distintos avatares. En Silvia, Alicia Huerta dibuja un intenso personaje, de notable riqueza. Mujer inteligente y luchadora, no deja de tener contradicciones, pareciendo que a veces se interna por un camino equivocado, lo que la hace cercana: “Aquel mes de agosto me demostró, una vez más, que es inútil pensar que se pueden tener siempre las cosas bajo control. Por mucho que creyese que la experiencia vivida con Andrés me mantendría a salvo de amores imposibles o, en cualquier caso, abocados al fracaso, lo cierto es que acabé por rendirme a lo que sentía por Héctor”, confiesa Silvia.

En Los nombres que jamás serán pronunciados, la escritora y pintora madrileña confirma su pericia narrativa y su habilidad para poner en pie y desarrollar una trama que absorbe al lector desde el principio al fin. Y hacerlo mediante un estilo directo y sencillo, que no necesita superfluas florituras para resultar eficaz, accesible y atractivo para los lectores. Antes de dedicarse a escribir, Alicia Huerta ejercicio la abogacía, profesión que abandonó para dar un nuevo sesgo profesional a su vida. Ha sido una suerte para la literatura que tomase esa decisión.

Por Carmen R. Santos

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