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El Real Madrid sobrevive en el Calderón gracias a la pegada de un equipo que volvió a romperse

atlético 2 REAL MADRID 2

Domingo 02 de marzo de 2014
Ronaldo reengancha al Madrid al liderato de la Liga tras salvar a Carlo Ancelotti, que rompió el equilibrio de su equipo tras el descanso al renunciar al sistema que le granjeó el primer puesto en la tabla clasificatoria. El bloque madridista, que sobrevivió de milagro, se encontró un gol de Benzema en los primeros minutos y se vio abrumado por la intensidad colchonera, que remontó el derbi con tantos de Koke y Gabi. Por Diego García



Una tarde desapacible recibió el desembarco de las tropas rojiblancas y madridistas sobre el césped del ardiente estadio Vicente Calderón. El envoltorio climático -viento y nubarrones con amenaza latente de tormenta- pudiera interpretarse como un guiño atmosférico al carácter de las últimas batallas dirimidas entre los enemigos íntimos capitalinos: gris belleza, intensidad, tensión, juegos subterráneo y red de cuentas pendientes en la guerra de guerrillas que suponen los duelos individuales dentro del ajedrez global. Para completar el guión que dibujaban el paisaje y los precedentes en el coliseo de la ribera del Manzanares, la relevancia del choque de este domingo en lo que a cumplimiento de objetivos se refiere, marcaba un boceto de partido en el que la creatividad y la valentía romántica atacante quedaban arrinconadas por el pragmatismo y la voluntad de no sufrir antes que celebrar.

Diego Pablo Simeone, astuto y con capacidad de aprendizaje de los errores cometidos en pretéritos derbis, obvió la idea que le eliminó de la Copa del Rey en el Bernabéu y planteó una alineación que desdeñara la intención de pelear la posesión de balón al rival desde el manejo extendido de la pelota. Sin embrago, regresó a la idea de partido que le ha granjeado una capacidad competitiva notable con presión, físico y orden para intentar ahogar las líneas de pase merengues con el trivote conformado por Gabi, Mario Suárez y Koke y la presencia de Raúl García por delante de sus piezas de la medular. Arda conduciría las contras y trataría de aglutinar la inteligencia y el ritmo de juego en los momentos sensibles, con Diego Costa como tradicional punta de lanza goleadora. Las transiciones vertiginosas, el juego largo hacia el brasileño y el balón parado seguirían confirmando la batuta del "Cholo".

Carlo Ancelotti, por su parte, apostó por amarrar las bandas -sabedor de la importancia del regreso de Filipe Luis y su profundidad para el bloque local- y puso en liza a Arbeloa y Coentrao. Modric, Xabi Alonso y Di María jugarían el rol de amasadores del balón y el tridente atacante -Ronaldo, Benzema y Bale- buscaría apuñalar desde el exterior y las diagonales, en estático, y desde la velocidad y potencia de las alas, en transición-. Pagar el incendió inicial colchonero con la pelota, crecer con el paso de los minutos y jugar con el ritmo del partido reprensentarían los conceptos a seguir, aliñado el esquema con la necesidad de juntar las líneas para no quedar rotos y, de este modo, alimentar las opciones contragolpeadoras del venenoso equipo rojiblanco. Pepe y Ramos tendrían ante sí una nueva ocasión para reivindicarse con la exigencia de concentración en grado absoluto. Se planteaba pues, una lucha de estilos con la tensión física por bandera y la efectividad como eje decisivo de los tres puntos que aferrarían al Atlético al liderato, de nuevo y tras unas semanas complicadas, o lanzarían a los de Chamartín, previa eliminación virtual del vecino rebelde en la lucha por el campeonato doméstico.

Arrancó el derbi más importante de la temporada 2013-2014 con el Madrid durmiendo la fogosidad colchonera con una posesión pausada hasta que Coentrao desbordó en banda y Juanfran le detuvo en falta. El lanzamiento posterior de Modric generó dudas particularmente extrañas en la zaga del equipo local, que despejó a córner a duras penas. Presagio del naufragio posterior. Di María aguantó la pelota en el saque de esquina, la línea defensiva salió desordenada y Benzema apareció en el segundo palo para rematar a gol en soledad. Golpe tempranero madridista en una suerte inesperada para el Atlético. Corría el minuto dos del volcánico partido.

La reacción de los pupilos de Simeone mostró nerviosismo: trataron de sacar de dentro con el equipo visitante celebrando, trataron de forzar d¡faltas en la frontal merengue y se centraron más en la protesta que en el juego. Llegó entonces una pérdida de Arbeloa, una salida a destiempo de Pepe en el marcaje a Costa que Koke percibió para dejar al brasileño en mano a mano con Ramos. El sevillano derribó a Diego Costa y el colegiado, Delgado Ferreiro, no indicó nada. Sí amonestó a Turán en su airada protesta y desató la olla a presión colchonera de manera definitiva. Tan solo habían discurrido 11 minutos de derbi. Sin fútbol, con un gol a balón parado de Benzema y con un estadio hirviendo.

Con el Madrid intentado anestesiar el ritmo sin demasiado acierto, el Atlético lograba provocar imprecisiones en la circulación del balón visitante y robaba con salida por la banda de Filipe aprovechando ciertos desórdenes en el bloque madridista. Diego Costa buscó el chut desde media distancia sin encontrar portería en el 18. Minutos después se desataba el caos a través de la figura del árbitro, que con Pepe en el suelo no permitió entrar a las asistencias madridistas y sí ordenó que el Atlético iniciara el juego en banda derecha. Una decisión incomprensible que alentó a la grada y sacó de la concentración necesario a los pupilos de Ancelotti, que sufrían una nueva legada sin suerte de Costa sin haber inquietado a Courtois en 20 minutos de enfrentamiento.


Reaccionó el Madrid con doble disparo que el meta belga tapó con solvencia -el segundo, un centro de Modric que sacó con arte de virguero-. Era el Atleti el que buscaba entonces la relación con el balón, con un rival que trataba de aferrarse a la estela de la intensidad colchonera a duras penas. Quizá cómodo al encontrarse con un 0-1 en el marcador demasiado pronto. Y pagó esta actitud el bloque madridista con el empate en el 27. La relajación en la presión de Di María en un saque de banda aparentemente inocuo provocó que Arda -desaparecido hasta entonces- se girara en el pico del área, arrastrara con su conducción a dos zagueros blancos y cediera a la entrada de Koke en segunda línea. El canterano enchufó un lanzamiento raso cruzado que Diego López no pudo despejar. Empezaba un nuevo partido con una diferencia flagrante en la motivación de ambos contendientes.

Ancelotti decidió que Ronaldo y Bale permutaran lugar y banda para intentar que Filipe no subiera con tanta claridad y que el galés doblegara en potencia a Juanfran, y, con el fin último, de hacerles entrar en juego. Fruto de este cambio llegó un disparo del luso desde media distancia que atajó Courtois. El Atlético estaba ganando la batalla de la intensidad y estaba dejando al Madrid sin conexión en el centro del campo, es decir, había cortocicuitado la idea de partido del técnico italiano por el método Simeone. Los balones divididos eran rojiblancos, que volvían a su posición con una celeridad ausente en el bando madridista. Cada balón parado local generaba tembleque en la zaga del Madrid y cada despeje provoca nuevas ocasiones de pizarra para que luciera la mano del "Mono" Burgos. Pepe y Godín compartieron amarilla en la enésima fricción del duelo particular.

Agonizaba el primer acto con el equipo de Carletto sobreviviendo en la cuerda floja. Había un equipo determinado a ganar sobre el césped y otro que se sacudía el tsunami con muchas dificultades. Diego López tapó un mano a mano con Costa tras error de Di María en la salida del balón en el 43. Xabi Alonso, muy a su pesar, definía la fotografía madridista: mutilado en su apartado creativo, se centraba en tapar huecos y líneas de pase con entradas que acababan en falta. Y el Madrid nadó para ahogarse en la orilla, Gabi cerró el primer tiempo con un cañonazo desde larga distancia que Diego López no pudo despejar. El "Cholo" volvía a ganarle la partida a Ancelotti con claridad y quedaban 45 minutos de incógnita visitante con 2-1 en el luminoso. El centro del campo del equilibrio naufragaba: ni tenía el balón, ni surtía de asistencias a los delanteros, ni contenía las transiciones locales. Ni siquiera los ataques estáticos.

El segundo tiempo comenzó sin cambios, ni de nombres ni de actitud. Diego Costa aprovechó en el minuto 46- otro robo en las inmediaciones del área madridista para avanzar, recortar y provocar una falta venenosa al borde de la zona de castigo. El propio atacante carioca -exuberante en lo físico y en el hambre competitiva- lanzó la falta sin acierto a las manos de Diego López.

Ancelotti intentó lograr profundidad ajustando la posición de Di María a tareas de desborde en banda, una decisión que dejaba a Modric y Alonso la exclusividad de frenar las contras colchoneras. Y a punto estuvo el italiano de pagar caro la ruptura del sistema tras un error del donostiarra que dejó en mano a mano a Costa con Diego López. El brasileño la envió fuera tras una galopada de 30 metros. El transalpino cambiaba el sistema. Se jugaba el equilibrio y la legitimidad del liderato a una carta: la remontada. El Atlético bailaba la música que quería y el Madrid se veía contaminado por los fantasmas del pasado: distancia excesiva entre líneas, equipo partido, sin la pelota y sin luz al final del túnel. De hecho, con 12 minutos de segundo tiempo, el equipo local había llegado ya tres veces a la portería de López, la última en saque de esquina sin remate claro. Ancelotti subió entonces su apuesta dando entrada a Marcelo por Coentrao en el minuto 58. La espalda poco importaba ya.

Benzema protagonizó lo que podría interpretarse como el oasis en medio del desierto con una volea cruzada tras centro de Modric que lamió el poste en la única contra clara merengue hasta ese momento -minuto 62-. Y en pleno dominio psicológico del Atlético, Delgado Ferreiro amonestó a Costa, víctima fingida de un lance con Arbeloa que acabó en el área, cuando se escapaba el brasileño. Las protestas del "Mono" Burgos ante aquella decisión incomprensible dieron con sus huesos en el vestuario, tras ser agarrado por sus compañeros para evitar una agresión de complicadas consecuencias. El lateral derecho visitante vio la amarilla en una acción sin peligro -ley de la compensación arbitral mediante- y Courtois tapó la locura colectiva colegiada al despejar un cabezazo de Bale al saque de la falta lateral.


Pero el Atlético no se distrajo del gran despliegue que estaba efectuando y Costa rozó el tercero con un remate al segundo poste que López detuvo con dificultades. Corría el minuto 70 en un partido son leyes tácticas salvo los retazos de intensidad marcados por Simeone. Ancelotti quitó entonces a Arbeloa para dar un hueco a Carvajal y sacó a un desencajado Di María para entregar su fortuna la calidad de Isco, sacrificando la de Jesé. Quedaban 18 minutos de suicidio ofensivo merengue.

El último cuarto de hora dibujó un Atlético agazapado y una mayor posesión de balón madridista, aunque los disparos y las ocasiones no visitaban la portería de Courtois. Simeone buscaba matar el derbi a la contra en base al orden férreo de sus pupilos. Pero sin fluidez ni claridad en el pase encontró el Madrid el empate. Con la receta tradicional: la pegada. Falló en el despeje Filipe, Carvajal apuró el centro al área y Ronaldo engatilló a la red en su segundo intento del partido. Cambió el guión para los últimos cinco minutos. Los colchoneros dieron un paso adelante con la entrada de "Cebolla" Rodríguez y Modric tuvo el gol de la victoria en una contra vertiginosa que no encontró arco de milagro. Pero el equipo no encontró un camino más lucido que el pelotazo ante el arranque de toque y movimiento merengue de última hora.

Se apagó la llamarada de este derbi intenso en el Calderón con el Real Madrid en el liderato tras sobrevivir a un partido en el que resultó muy inferior. Simeone arrebató la pelota a Ancelotti con la fuerza de la motivación y el orden en la presión y rozó la victoria al resucitar los fantasmas madridistas de la ruptura entre líneas, el desequilibrio colectivo y el desquicio generalizado. Sobre la hora, Ronaldo salvó el pescuezo y justificó, de manera somera, el ataque ofensivo del técnico italiano, que deshizo su apuesta inicial y el sistema en pos de arrancar un punto en uno de los peores partidos de sus pupilos desde que arrancara el 2014. El último duelo madirleño de la temporada se cerró con sabor muy agridulce para ambos bandos: los colchoneros merecieron la victoria por lo táctico, lo físico y lo emocional, y la cúpula de la inteligencia merengue está obligada a reflexionar sobre el totum revolutum desplegado en el peor día imaginable.

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