Martes 04 de marzo de 2014
Hoy miércoles se cumple el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez, con Venezuela en un estado de convulsión como no se recuerda. El caudillo bolivariano dejó a su muerte un país depauperado -pese a ser uno de los cinco mayores productores de petróleo a nivel mundial-, presa de la inseguridad y con la credibilidad de las instituciones bajo mínimos. Su sucesor, Nicolás Maduro, se hizo con el poder de manera fraudulenta, y si ya estaba mal Venezuela cuando pasó por las manos de Chávez, aún está hoy peor con Maduro.
Sirva como ejemplo este dato: más del 90 por ciento de lo que se compra en Venezuela es importado. Ello es así porque el capital ha huido de un país sin seguridad jurídica alguna y cuyo mandatario se dedica más a crear problemas que a solucionarlos. Además, está literalmente masacrando a la oposición. La continua violación de los derechos humanos que está padeciendo la sociedad venezolana es casi tan vergonzante como condescendiente es la actitud de casi todos los líderes iberoamericanos a este respecto.
Unicamente Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, ha salido a la palestra para denunciar la genocida actitud de Maduro. Frases como “donde usted ve enemigos a los que quiere aniquilar, yo veo a venezolanos enojados que le exigen cambios a su gobierno” dan idea de un análisis tan certero como, por desgracia, aislado en el continente. ¿A qué espera la comunidad iberoamericana para reaccionar de una vez por todas ante la terrible situación que está viviendo la oposición venezolana?
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