Enrique Arnaldo | Jueves 06 de marzo de 2014
Querido Fernando,
El tiempo, como escribió Manuel Alcántara corre que se la pela. Como quien dice fue ayer cuando estuviste en la última cena de Oxs, aunque a la penúltima con tu adorado Eduardo Torres de invitado no pudiste acudir. Como quien dice fue ayer cuando compartimos como ponentes ese curso que organizabas con tanto esmero en la Universidad Jaime I y que creo recordar fue sobre la libertad de expresión. Como quien dice fue ayer cuando, como expertos gastrónomos, alabamos ese espléndido arroz del senyoret que preparaba tu amigo el del Grao de Castellón, o cuando sacamos y ondeamos el pañuelo blanco para pedir las orejas para otra faena entusiasmante de José Tomás en la feria de la Magdalena de tu Castellón amado.
Como quien dice fue ayer cuando nos echábamos a la espalda esas largas conversaciones sobre el Poder Judicial y el Ministerio Fiscal ,sobre la organización y quienes los sirven, sobre los que los gobernaban y el Ministerio de Justicia de turno. Lo tenías todo en la cabeza y también las respuestas acompasadas al eterno deseo de mejora y reforma, que siempre los presupuestos olvidaban. No perdíamos la esperanza pero como al Quijote nos tocaba embestir contra molinos de viento.
Sobre todas las cosas, perdóname Marisa, eras Fiscal. Lo llevabas en los genes y sobre todas las cosas eras una persona enormemente querida y también admirada, por tu nobleza, tu carácter abierto, tolerante y generoso. Y por tu tenacidad, tu entrega sin condiciones y tu defensa de los principios que nunca sustituías por otros por más presión que ejercieran los del otro lado de la mesa. Siempre con la verdad por delante aunque doliera a quien pretendía doblegarte desde su posición de poder. Como Napoleón, tu nobleza estaba siempre en tus actos.
Te nos has ido, que injusto, y nos dejas un hueco inmenso. Hay personas que no sois sustituibles Fernando. Aparentemente la vida continúa y tú simplemente estás en otro lugar. Nosotros, entre las tinieblas.
Un fortísimo abrazo