Opinión

La pantomima del referéndum en Crimea

Sábado 08 de marzo de 2014
En la crisis de Ucrania, la Unión Europea (UE) no solo no está actuando a la altura de las circunstancias, sino que resulta cada vez más diáfano que ha sido ampliamente rebasada por ellas, dejando que Vladímir Putin dé rienda suelta a sus ambiciones y despliegue su vocación zarista. El último episodio de la crisis añade un elemento de pantomima que resultaría risible si no fuera por la gravedad que encierra. El Parlamento de la República Autónoma de Crimea ha solicitado al presidente de Rusia formar parte de la Federación Rusa como provincia y paralelamente ha convocado un referéndum para el 16 de marzo en el que se preguntará a la población si está de acuerdo con la unión con Rusia.

El carácter de farsa del referéndum es manifiesto, en una Crimea prácticamente ocupada por soldados rusos, y donde esta consulta ha sido evidentemente orquestada por Putin. Una consulta hipócrita y absolutamente ilegal, que viola tanta la Constitución ucrania como todas las leyes internacionales, y ante la que el presidente interino de Ucrania, Oleksander Turchinov, ha reaccionado apuntando que va a iniciar un procedimiento para disolver la Cámara regional de Crimea y detener el referéndum, que ha calificado como “un crimen contra el Estado organizado por el ejército de Rusia”. Que esto es así es indudable, y por eso no se comprende la débil respuesta que está dando la Unión Europea que solo ha sido capaz de acordar una serie de sanciones contra Moscú que apenas si alcanzan ni siquiera la categoría de simbólicas. Resulta claro que la UE no desea una abierta confrontación con el Kremlin, postura que está también manteniendo Estados Unidos con una respuesta de la misma debilidad que la europea, y esto no es desdeñable. Pero de ahí a la pusilánime actitud que está mostrando Occidente media un abismo.

Parece que la UE y Estados Unidos están dispuestos incluso a permitir una burla a la democracia, que no es otra cosa el anunciado referéndum, que, entre otros aspectos, en el hipotético caso de celebrarse, tendría que empezar, obviamente, por ser para todos los ucranianos, y no de forma unilateral solo para quienes viven en una parte del país. Más allá del caso concreto, el referéndum propuesto por Crimea debe llevarnos a reflexionar sobre cómo se puede apelar a las urnas de manera torticera para bajo capa de democracia mofarse de ella en una intolerable pantomima.

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