Alberto Pérez Castellanos | Sábado 08 de marzo de 2014
Los trucos de prestidigitador de los políticos españoles cada vez son más chapuceros. Cualquier trilero de medio pelo les supera en artimañas y convicción. Y eso se nota. Los ciudadanos cada vez creen menos a sus gobernantes cuando usan cualquier mínimo dato “positivo” para encontrar signos de recuperación económica, reactivación financiera o creación de riqueza. ¿Y por qué? Porque usan rebuscados parámetros casi ininteligibles que chocan con la matemática básica.
Sólo hace falta sumar y restar para tumbar el exceso de optimismo (ojo, también de negativismo). Si hay una premisa que debe cumplir un mandatario que rige, ha regido o regirá los designios de una nación es ser realista. Pero no, cada día se recogen numerosas muestras de exageraciones de todo tipo. Tenemos a quienes ven un horizonte despejado rodeados de árboles floridos, pájaros cantando y muchos arcoíris; y a otros que tiñen de negro un panorama que ya es suficientemente gris. Encontrar el término medio parece misión imposible: o escalamos sin parar el Everest o nos hundimos sin remisión en la Fosa de las Marianas.
Pues no, ni vamos a nadar entre billetes ni entre la basura, aunque con la actitud de los máximos responsables de nuestros designios estamos más cerca de lo último. Se dedican a tirarse en cara buenas y malas cifras sin pensar que detrás de ellas hay personas, millones de personas. El último dato que me ha llamado la atención es que 3 de cada 10 personas en España viven (o lo intentan) con prestaciones, subsidios y pensiones, y si esto lo ven como algo normal es para echarse a temblar.
El número es más llamativo si lo traducimos a habitantes: 14 millones de hombres y mujeres que cobran sin trabajar, frente a los 16 millones que si lo hacen. Sólo tenemos que restar para darnos cuenta de que sólo hay 2 millones de personas más con empleo que aquellas que sin él: jubilados, parados, etc. No hace falta ser economista para entender que esta balanza es insostenible porque además hay que tener en cuenta los 17 millones (casi todos menores de edad) que no obtienen ningún tipo de ingreso.
Jubilaciones anticipadas, ERE´s por doquier y la inmigración han sido los ingredientes finales de un cóctel al que poco le importan que la prima de riesgo caiga, la bolsa suba o las subastas del Estado vayan mejor que nunca.
Y a esto añadamos una pizca de la mal denominada “moderación salarial”. La contundente caída de los sueldos unida a la subida de impuestos, sobre todo indirectos, y precios está provocando una profunda crisis del consumo que, para aquellos que aun desconozcan esta norma básica del capitalismo, es la base, matriz, origen y destino de este sistema. Así que, antes de lanzarse con panderetas a la calle o de tirar más piedras a nuestro tejado, les pido a nuestros dirigentes que practiquen un ejercicio de realismo y se dejen de memeces y enfrentamientos absurdos para trabajar de una vez por el bien de todos. A ellos también les recuerdo que la democracia, eso con lo que se les llena la boca, es un régimen en el que el poder es del conjunto de la sociedad, por lo tanto no es suyo y deben usarlo para procurar que todos los ciudadanos puedan ejercer sus derechos y cumplir sus deberes en libertad.