Opinión

Crimea: envenenada herencia soviética

Marcos Marín Amezcua | Domingo 09 de marzo de 2014
Cual manzana tóxica, ya le digo. Simplemente está de no creerse la grosera exigencia rusa a Ucrania, cual si se tratara del Corredor polaco y estuviéramos en una antesala muy similar a la de septiembre de 1939 –y peor, a lo Munich 1938 [por la complicidad involucrada] para vergüenza de todos los protagonistas del presente sainete– cuando por activa o por pasiva, los miembros de la comunidad internacional prefieren negociar su sueño de los justos a cambio de que Ucrania se humille y suelte lo que Rusia no ha conquistado ni le corresponde tomar ni poseer, pues a Crimea en buena lid la cedió a Ucrania cuando la Unión Soviética se fracturó, extinguiéndose. Punto.

El requerimiento de Rusia a Ucrania y su incursión en suelo ucraniano de forma unilateral e ilegal, son actos violatorios del Derecho Internacional y más lo es proceder a hurtadillas simulando y escudándose en que los crimeos se desviven por ser rusos y su parlamento clama para que así suceda. Estaría. Qué burdo el gobierno ruso. Qué imperialista y qué carente de toda ética.

Parece mentira que hace apenas un mes disfrutábamos en Sochi de unos juegos olímpicos que clamaban por la camaradería internacional y ahora esto. Mirada a lo lejos, pero con un libro de Historia en la mano, Crimea es una mal dada herencia soviética que ahora nuevamente, es un suculento botín para una Rusia imperialista que, desfachatada, en su ascenso la requiere, aparentemente sin aspavientos, pero con la desvergüenza de exigirla encubriendo sus ambiciones tras la manifestación “libre” de los crimeos apuntándoles. Es un expolio en toda regla a Ucrania. Es un atropello de Rusia.

El episodio solo puede hacernos recordar que, a la peor usanza de agandalle y rapiña del siglo XIX, cuando las potencias europeas exigían cesiones sin más y tomaban lo deseado a su antojo, ahora viene Rusia actualizando esas conductas y por menos, reclama tierras que soltó y que no ha recuperado por una guerra de conquista en forma y de por medio, ante una engarrotada Ucrania que parece quedarse sola ante la complicidad de unos y la indiferencia del resto. Y a Crimea no la exigen los rusos solo escudados en los crimeos y por ser modernos, sino usando la fuerza primero y la presión y el chantaje después, para zamparse aquello que no les pertenece ni siquiera ya por razones históricas, pues como invoquemos razones históricas, ya podremos volver a la vera del Tigris y el Éufrates para iniciar los reclamos mutuos a todos.

Las noticias que recibimos en ultramar son desalentadoras. Perturbadoras. Atestiguamos entonces un símil de expansionismo ruso a lo Pedro el Grande y, si me apura, con la UE como muda cómplice que apuesta –alarmantemente crédula– a que no perderá la paz de que se ufana, concediendo y tragando, imaginando que la preservará y podrá pasar de largo al amparo de cualesquiera componenda entre Putin y Obama a costa de Ucrania –lidiando menudo par [Putin y Obama] bajo un descarnado mano a mano apegado al “tiro porque me toca”–. Ahora es cuando veremos si la “política exterior” y el peso de la UE son reales o solo un bonito y elocuente discurso de comparsa que se caerá como naipes, al rebasarla otra vez, las potencias extraeuropeas. Otra vez, como en tiempos de la otra Guerra Fría.

A la inacción de Ucrania, titubeante en su política exterior al no buscar asegurarse fronteras y futuro fuera de la órbita rusa; a sus choques con Rusia por el gas, verificados cada invierno desde los años noventa y a que se creyó segura o no amenazada marchando lenta hacia la OTAN y la UE en estas últimas dos décadas, sin avistar el acechante peligro ruso, sume usted que un pacto entre Putin y Obama, con o sin los aliados de Obama y la propia UE, participando ella así sea solo como mirón de palo con tal de velar su sueño y asegurar su tranquilidad y buena conciencia, los colocará a todos como simples secuaces del ruso, cómplices vergonzantes de Putin, compartiendo la vergüenza de reproducir una conferencia a lo Munich 1938 y poniendo a Ucrania en el sórdido papel de Checoslovaquia. Reflexionémoslo. Hoy Crimea ¿y mañana…?. La inacción y el contubernio de Occidente serán costosísimos.

Porque ahora Ucrania descubre que de nada valió obtener Crimea de Khrushchev en 1954, como mera concesión burocrática, ni sirvió el retenerla en la fragmentación de la URSS con cargo a resguardo de una base militar rusa asaz estratégica, comprometiendo su soberanía al cederle a los crimeos todo cuanto pidieron, creando un estado dentro de su estado. Crimea sigue siendo tan codiciada por Rusia como lo ha sido siempre, que, desde la guerra homónima, no cede para consolidar allí su estratégica salida al mar Mediterráneo una vez más, cuyo control garantiza influir en la ruta comercial más importante del mundo y la coloca a un paso de Oriente Medio. Y ahora, lo conseguiría otra vez ya desde su propio suelo, superando ese mal reparto de la herencia soviética que tanto le costó asumir a inicios de los noventa, cuando a regañadientes soltara Crimea a Ucrania tras arduas negociaciones. Argüir que los crimeos piden su anexión y Rusia solo acata su voluntad, es una descarada texanización, un robo que bien conocemos los mexicanos. Rusia obtendría un despojo deplorable, que obedece a su regreso a los escenarios mundiales consolidando su presencia ascendente y su negado imperialismo redivivo.

Otro camino sería que Ucrania defendiera Crimea. Sería la guerra, no tengo la menor duda. Porque la única negociación posible se antoja que dejara como única salida que suelte Crimea y meta y tolere a los rusos hasta la cocina. Solo le restaría unirse ipso facto a la OTAN y a la UE –que le convendría no poner tanto reparo como acostumbra, si le importa el tema– y no lo pedirá Ucrania solo porque quiera ser rica, “europea” y defendida, sino para no ser devorada. Y que se cuiden el resto de las exrepúblicas soviéticas y los países de la antigua órbita soviética, pues lo difícil ya habría empezado: iniciar. A mediados de semana un buen amigo me lo confesaba. Su amiga letona desestimaba el resurgimiento del poderío alemán, reparando sí en el temido regreso del poderío ruso, suficientemente fuerte como para no olvidarlo y no justipreciarlo. El imperialismo ruso jamás ha muerto. No merece negarse. Uno que es tan cuestionable como el estadounidense, ambos nada plausibles y sí condenables.

Rusia, con una insolencia insultante al Derecho Internacional pretextando que resguarda a los rusos que mantuvo allí, reclama lo que no le asiste. No todos esos rusos vivieron siempre en Crimea. Que sus tropas vayan posicionándose y calificar de tal o cual al gobierno de Kiev son una injerencia inadmisible atentatoria del Derecho de Gentes, que no debe quedar impune. A todo esto, China sigue atenta y parece afín con Rusia. Mas no pierde detalle guardando distancia sobre este despojo desvergonzado de una malhadada herencia soviética. Tiene temas similares con sus vecinos. Un día de estos….Al final, la última palabra la tienen los ucranianos. Si al dejarlos solos restara que defiendan su territorio y lo hicieran, no habrá paz para nadie. Para nadie, empezando por los que les dieron la espalda. Y si dobla las manos, de igual manera el precio de la paz, ya lo he expresado, será costosísimo para todos.

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