Los Lunes de El Imparcial

Edward Bulwer-Lytton: La casa y el cerebro

RESEÑA

Domingo 16 de marzo de 2014
Edward Bulwer-Lytton: La casa y el cerebro. Traducción de Arturo Agüero Herranz. Impedimenta. Madrid, 2013. 108 páginas. 14,95 €

“Era una noche oscura y tormentosa”, consigna en todos sus intentos de ser escritor, siempre frustrados, el célebre y entrañable personaje de Snoopy, creado por Charlie Brown en sus famosas tiras. Esta frase no es invención del singular perrito, sino que está tomada del comienzo de la novela Paul Clifford (1830), de Edward Bulwer-Lytton. Un principio que ha dado pie a un irónico concurso sobre cómo no empezar una novela, que lleva el nombre del autor británico: Bulwer-Lytton Fiction Contest.

Pero Bulwer-Lytton (Londres, 1803-Torquay, 1873) no solo es el artífice de ese comienzo, y su continuación, sino que a él se debe una de las obras más sugerentes en el ámbito de la literatura gótica victoriana, en este caso en el apartado, que prácticamente forma un subgénero en la literatura de terror, de las tramas de fantasmas en casas embrujadas. La casa y el cerebro, que Impedimenta ha tenido el acierto de poner al alcance de los lectores españoles en su apetecible catálogo, es un pequeña joya que merece no pasar desapercibida. Máxime en esta cuidada edición, con espléndida traducción y prólogo de Arturo Agüero Herranz. No en vano, H. P. Lovecraft considera que La casa y el cerebro perdurará “como uno de los mejores relatos de casas encantadas que se han escrito”, elogio al que se suman otros como el de Lafcadio Hearn que califica a La casa y el cerebro (1859) “como la mejor historia de fantasmas en lengua inglesa”, añadiendo: “Es el mejor cuento de este género porque reproduce con asombrosa fidelidad las vivencias de una pesadilla. El terror de los grandes cuentos sobrenaturales es el terror de una pesadilla proyectada dentro de la consciencia que despierta”.

En efecto, Bulwer-Lytton nos sumerge en apenas cien páginas -a esta nouvelle se le puede aplicar sin duda la máxima de Baltasar Gracián “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”- en una inquietante alucinación a través de la peripecia de un protagonista y voz narradora innominados que, desoyendo todas las advertencias, decide pasar una noche en una vivienda londinense que, según se dice, está poseída por espíritus malignos. En ella se instala, con su perro y su criado, y nada más llegar empiezan a producirse sorprendentes fenómenos que provocan que el can y su sirviente, pese a su fama de intrépido, pronto salgan huyendo. El narrador, sin embargo, no solo aguanta la noche terrorífica: “El orgullo y la curiosidad, en la misma medida, me prohibieron una huida tan ruin”, sino que no parará hasta descubrir el origen y causa de tan misteriosos sucesos, relacionados con una extraña habitación vacía de la casa y con unos espantosos crímenes cometidos allí hace tiempo.

La segunda parte del relato, de turbador desenlace, se dedica a la investigación de ese origen. El protagonista, a quien lo que le habían contado sobre la mansión le parece “absurdo”, quiere encontrar una explicación racional y científica, pues cree que “lo sobrenatural es un imposible”. ¿Conseguirá su propósito? Lean y juzguen por ustedes mismos esta historia: “No pido a nadie que la cree”, concluirá su narrador, que, además de entretenida, nos remite a los eternos dilemas de la razón en lucha frente a lo que parece escapársele y al tan perenne como condenado al fracaso deseo del ser humano a la inmortalidad.

Por Carmen R. Santos