Jueves 20 de marzo de 2014
Una niña de tres años moría ayer mientras era trasladada por su padre a urgencias. Y moría ante la negativa del servicio vasco de salud a enviarle una ambulancia, ya que la familia reside en el Condado de Treviño -Burgos-. Todo en este asunto es deplorable. Para empezar, la muerte de una niña por culpa de cuestiones burocráticas. Y siguiendo con la dinámica, las excusas sin fundamento alguno por parte del gobierno vasco. Aquí, no obstante, la palma se la lleva el diputado del PNV Emilio Olavaria, quien no dudaba en afirmar que esta muerte “podía haberse evitado si Treviño fuese vasco”.
La cerrazón nacionalista, y no otra cosa, ha sido la causa principal del fallecimiento de la pequeña de Burgos. Como recordaba ayer la titular de Sanidad, Ana Mato, no hay 17 países, sino uno, en el que el derecho a la salud se consagra en el artículo 43 de la Constitución. Si en Alemania las autoridades sanitarias de un länder se negasen a atender a una persona que no es de allí, el escándalo sería mayúsculo. Aquí, en cambio, da la impresión de que el nacionalismo tiene una suerte de patente de corso que le permite llevar a cabo todo tipo de iniquidades. En esta ocasión, ha muerto una niña. ¿Qué mas tiene que pasar para que algunos descubran de una vez las “bondades” del nacionalismo, el vasco en esta ocasión?
TEMAS RELACIONADOS: