José Antonio Ruiz | Viernes 21 de marzo de 2014
Día llegará en el que España no recuerde quién fue. Requiescat in pace. Danos, Señor, el descanso eterno a los pobres desgraciados que seguimos entre los vivos, visto que lo necesitamos mucho más que aquellos otros que se han marchado sin hacer ruido a disfrutar en paz de la paz de los cementerios, allí donde fluye la vida eterna.
Siempre se van los mejores antes de tiempo. Iñaki Azcuna, mejor persona que alcalde, y eso que dicen que fue el mejor del mundo. Tuve la fortuna de conocerlo, un día que Bilbao se entregaba al llanto de tanto como llovía, en compañía de Javier López-Bravo, hijo del ministro que murió un aciago día de febrero del 85 al estrellarse el avión de Iberia en el que viajaba después de chocar contra una antena de televisión en el monte Oíz. Iñaki nos esperó pacientemente en el Ayuntamiento a pesar de la hora de retraso con la que llegamos. Y se hicieron las cuatro, que diría Sabina. Y nos recibió con una sonrisa que hace que te reconcilies con el mundo y con la condición humana.
Adolfo Suárez ha elegido el mes de marzo, como su amigo y confidente, Carlos Revilla, cirujano, neurofisiólogo y político. Lo conocí en casa de Pedro Guillén, otra eminencia a quien quiero tanto como admiro. Y al instante me di cuenta de que era un fuera de serie. Combatió la dictadura de Franco, desde aquí y desde Alemania; y luchó por las libertades individuales, por sus ideas y por sus ideales, no como otros que se tiran el moco pero a los que les sucede lo que según la maciza Catherine Fulop le ocurre a Maradona: que hablan de la izquierda y comen de la derecha.
Nos estamos quedando huérfanos, en manos de mediocres y de impresentables. El Big Bang del ruedo ibérico, ninot indultat, pasa de la astenia primaveral a la fatiga crónica, en una performance sadomasoquista que nada tiene que envidiar a los vomitivos saraos que montan Lady Gaga y su amiguita Millie Brown, o a los peludos “sobaquember” de Madonna presumiendo de axilas.
Menos más que allí donde no ha sido capaz de llegar Mariano, han llegado los falleros: el caganer de Arturo defecando sobre la Constitución ha sido pasto de las llamas.
El daño, hecho está, sea cual fuere el destino que corra el cortijo: lo mismo da que un día España, como Ucrania, acabe movilizando a sus reservistas para hacer frente al petardazo centrífugo; o que Cataluña y España terminen renovando sus votos matrimoniales, como la jueza Alaya, y sellen su reconciliación dándose el pico como las falleras lesbianas del cartel.
Las lumbreras del Centro Harvard-Smithsonian han encontrado la primera evidencia de la inflación cósmica, la teoría que explicaría la expansión del Universo hace de esto un huevo de dinosaurio de años. Pero todavía no han conseguido descifrar el enigma que se esconde en el culo inaprensible de Kardashian, a quien los torquemadas acabarán culpando, sin tener ninguna culpa la moza, del calentamiento que está provocando la pérdida de hielo en Groenlandia.
Y en estas que Arturo, ajeno al desaliento, absorto en su cantonalismo cavernícola, sigue a su bola, dispuesto a demostrar empíricamente la teoría del acelerón de los cenutrios y a reeditar el primer instante infinitesimal del tiempo cósmico en el que se impuso el fanatismo, la sinrazón y la maledicencia. A veces da la impresión de que quisiera opositar al puesto de director creativo de Moschino.
Hasta donde llegamos, sabemos que los miles de millones de galaxias que forman el espacio conocido son tan sólo una ridícula parte del Cosmos. Pero el menda, onda gravitacional, quiere emanciparse de la teta de la Madre patria. Con dos cojones.
La Generalitat lanza un registro de catalanes en el extranjero con vistas a la consulta de marras y maniobra para instrumentalizar el Consejo escolar como una herramienta más de la propaganda del Estado del Régimen naciente.
A la vista está que el pasaporte biológico de los sembradores de cizaña todavía esconde muchos enigmas para la comunidad científica. Chucky, el Muñeco Diabólico de Mancini, como el ave Fénix, lágrimas de Cocodrilo Dundee, amenaza con resurgir de sus propias cenizas, dispuesto a seguir dando la brasserie parisina.
De levantar la moral a la tropa de unicejos ya se encarga el ministro Margallo, que no pierde ocasión de callarse: «El paralelismo entre Crimea y Cataluña es absoluto». (…) ¡Qué peligro tiene este hombre! Los hay que ni abusando del retoque fotográfico tienen arreglo. Los bomberos dan por extinguido el incendio del Baix Empordà, y el ministro de Extranjería persevera en su sobrevenida vocación de pirómano. Todavía no sé si lo que pretende es que las adolescentes forren las carpetas con su cara. Las dietas “yo-yo” predisponen al subeybaja. Y nos quejábamos de Moratinos porque le pirraba la repostería del pastelero de la Casa Blanca y se atrevía con el lingala congoleño… ¡Que sea una de ensaladilla rusa!
Otro ministro, el que lleva el negociado de Interior, ha tenido que destituir al hijo de Tejero por celebrar el 33 aniversario del 23-F con su papá y otros “insignes” golpistas organizando una paella-homenaje en el mismo cuartel de la Guardia Civil de Valdemoro, aunque los comensales han negado la mayor asegurando que estaban haciendo prácticas de cocina con vistas al casting para la próxima edición de Top Chef.
Al director general de la Benemérita, Arsenio Fernández de Silla, mejor ni mentarlo, que bastante entretenido está el pobre acicalándose a diario con el bote de gomina pegalotodo, que dicho sea al paso tan bien le vendría al juez Pedraz, el de la justicia universal y la melenita al viento.
Confieso estar perdido en el pico del Mulhacén si ahora resulta, como asegura el número dos de Gürtel, Pablo Crespo, que «ni Luis el Cabrón es Bárcenas ni PAC es Cascos».
Dice Hawking, que por la cuenta que nos trae, más nos vale colonizar pronto algún planeta antes de la extinción terrícola, porque está el globo terráqueo a un tris de la reventona. Lo que no dice Stephen es que todo esto que pasa es por culpa de tanto gili, pues lo de pollas, con perdón, habría que ver.
Propongo un canje: ya que son más españoles los sudafricanos que saltan la valla de Melilla al grito de ¡Viva España! y los sefardíes cuyos progenitores tuvieron que salir por piernas para librarse de un linchamiento seguro…, digo yo que podrían dejarles ocupar su puesto aquellos otros que se sienten extranjeros en esta tierra extraña. Dónde mejor estarían que roturando las tierras yermas del África negra, o salvando Pompeya de las ruinas y convirtiéndola en la Tierra Prometida del catalanismo vascuence.
Otra historia bien distinta es la de la región italiana de Véneto, que esa sí que está en su derecho en no ser de nadie, por ser Vos tan hermosa. Tuyo hasta la muerte, amada Dulcinea. El caballero de la triste figura.