Sábado 22 de marzo de 2014
La crisis en Venezuela está alcanzando cada vez mayores dimensiones con una total fractura entre el Gobierno de Nicolás Maduro y la mayor parte de la ciudadanía. El líder chavista ha reaccionado con inusitada violencia a las protestas de sus compatriotas, con el lamentable saldo hasta ahora de más de una treintena de muertos, cerca de quinientos heridos y más de mil ochocientos detenidos. Y, en el colmo del esperpento, desgraciadamente con consecuencias trágicas, a Maduro no se le ha ocurrido otra cosa que proponer una revisión de toda la programación televisiva, pues cree que las telenovelas invitan a la violencia y son las causantes de ella.
La situación no tiene visos de cambiar, sino de enquistarse o incluso ir a peor. Maduro se ha enrocado y no está dispuesto a oír las justas demandas de los venezolanos, cansados de un régimen cada vez más autoritario y que está sumiendo al país en la ruina. Muy al contrario, lo único que hace es aplastar a los ciudadanos y reprimir cualquier oposición. En este sentido, la ONG Amnistia Internacional (AI) ha señalado que en Venezuela se están deteriorando los Derechos Humanos y se está produciendo una “caza de brujas” -uno de cuyos últimos episodios ha sido la detención de los alcaldes de San Cristóbal, Daniel Ceballos, y de San Diego, Enzo Scarano-, y que podría intensificarse contra los líderes de la oposición.
Líderes como María Corina Machado, la diputada opositora a quien el chavismo quiere encarcelar y hacer callar a toda costa. María Corina Machado se ha convertido en una de las voces más activas, firmes y contundentes contra Maduro. La que empieza a ser conocida como “Juana de Arco” ya se enfrentó a Hugo Chávez, quien la puso en su punto de mira cuando Machado se entrevistó en 2005 con el entonces presidente de Estados Unidos George W. Bush. La diputada no rehúyo nunca el combate, diciéndole a Chávez verdades que han quedado en la memoria de todos los venezolanos, como cuando le espetó: “Sr. Presidente expropiar es robar”.
En este contexto, no es de recibo que la Organización de Estados Americanos (OEA), ante cuyo Consejo Permanente iba a hablar María Corina Machado para exponer de primera mano y denunciar lo que ocurre en su país, se haya vuelto a plegar a las presiones de Maduro. Venezuela ha apretado el acelerador y jugando a fondo su ascendencia en los países del bloque de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y afines ha conseguido que la intervención de Machado se celebre a puerta cerrada. Una maniobra del chavismo que desea impedir sea como sea que la diputada de la oposición pueda hablar con su contundencia característica en una institución como la OEA. En una rueda de prensa en Washington, María Corina Machado ha dicho que cuando regrese a Venezuela lo que le espera es la cárcel. Pero también ha apuntado que su país ha despertado y que el proceso por la libertad y la verdadera democracia es irreversible. Para hoy mismo está convocada una manifestación que se prevé multitudinaria, tras los llamamientos de la disidencia a la ciudadanía, que confía en que resulte la más concurrida en la historia de Venezuela. La comunidad internacional debe apoyar a la mayoría del pueblo venezolano en su oposición a la esperpéntica, y ya también sangrienta, tiranía chavista.
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