Sábado 22 de marzo de 2014
Se publica esta semana el primer volumen de “Vida”, la autobiografía de Juan Ramón Jiménez, inédita hasta ahora. Leyendo uno de los anticipos del libro, nos encontramos con esta confesión de Juan Ramón: “Escribir poesía es aprender 'a llegar' a no escribirla, a ser, después de la escritura, poeta antes que escritura, poema en poeta, poeta verdadero en inmanencia consciente”. Poema en poeta.
Creo no equivocarme –quiero decir que creo no extender un prejuicio personal a todo un grupo– al decir que JRJ nunca ha sido, para la gente de mi generación, un autor “simpático”. JRJ se ha visto reducido a un nombre, no siempre obligatorio, en los planes de estudio o únicamente a ser el autor de una narración presentada como infantil, como es “Platero y yo”. La imagen de Juan Ramón era la de la fría “poesía pura”, la de alguien hiperestésico y excesivamente puntilloso, muy pagado de sí mismo.
La verdad es que a los adolescentes que fuimos les hubiera resultado mucho más impactante acercarse a Juan Ramón a través de “Espacio”, el espléndido poema en prosa de su última etapa (imprescindible la lectura del ensayo que a esta obra dedicó el poeta Manuel Martínez Forega: “Memoria y recuerdo en el poema 'Espacio' de Juan Ramón Jiménez”, Olifante, 2009).
Pero la percepción que los de mi edad hemos tenido del poeta de Moguer es una percepción heredada. Una imagen comenzada a elaborar por los poetas del 27 –para quienes, por otra parte, fue uno de sus maestros– y seguida por los poetas de la Generación del 50. A Jaime Gil de Biedma se debe la deliberada exclusión de Juan Ramón Jiménez de la antología “Veinte años de poesía española” de Josep Maria Castellet (Francisco Umbral siempre lo odió por esto). Jaime Gil recogía la inquina, fundamentalmente, de Luis Cernuda.
No sé si es una ironía del destino o una suerte de “pax poetica” por encima del tiempo, pero Gil de Biedma escribiría aquello tan famoso de “yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema” sin saber –como nadie sabía– lo que había escrito Juan Ramón años atrás.