Opinión

El seny de Suárez

Lunes 24 de marzo de 2014
La multitud de ciudadanos que acudía ayer al Congreso para dar su último adiós al ex presidente Adolfo Suárez refleja el cariño y agradecimiento de la ciudadanía a una de las personalidades más notables de la reciente historia de España. Partidos políticos, sindicatos, instituciones, todos coinciden estos días en una serie de pautas básicas que identificaban a Suárez: lealtad, sentido de estado, compromiso y consenso en detrimento de confrontación. Los homenajes darán paso a que muchos reivindiquen su figura, con más o menos fortuna.

En el caso de Artur Mas, compararse con Suárez afirmando que “hizo cosas difíciles e incomprensibles para algunos entonces, pero que a posteriori se revelaron importantes, haciendo un paralelismo con la Cataluña de hoy” es un completo despropósito. Si de algo hizo gala Suárez a lo largo de toda su trayectoria fue de un seny -lo que en catalán viene a ser “cordura”, “sentido común”- del que actualmente carece la práctica totalidad de la clase política, Artur Mas especialmente. Armonizar voluntades de un nacionalista catalán como Miquel Roca, un ex ministro franquista como Manuel Fraga o un comunista como Santiago Carrillo es tanto como anteponer cohesión frente a disgregación. Más que reivindicar a Suárez, hoy más de uno debería seguir su ejemplo.

Artur Mas en primer lugar. Porque si en algo consistió la Transición fue comprender que no hay democracia verdadera, estable y duradera fuera de la ley, incluso de la ley franquista. Y de la ley a la ley, como se decía entonces, fue el itinerario que siguió Adolfo Suárez. Aproximadamente, el camino contrario que propone el señor Mas, cuyo programa consiste en saltarse la ley.

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