Lunes 12 de mayo de 2008
Si ya bajaban revueltas las aguas populares, el desmarque de María San Gil no hace sino confirmar lo caótica que es la actual situación interna en el PP. Muy mal tienen que ir las cosas para que una mujer como San Gil se aparte del proyecto -si es que existe- de Mariano Rajoy. Ella, que vio morir a Gregorio Ordóñez, que ha sufrido como nadie las invectivas nacionalistas -y, porqué no decirlo, del PSE-, que vive en una amenaza permanente y real, no puede más. Nadie podrá poner en duda el carácter valeroso y luchador de una mujer que ha sido todo un ejemplo de entereza ante situaciones límite, incluso en el ámbito personal. Su coherencia la ha llevado a dar este paso. Ella mejor que nadie sabe cómo se las gastan los nacionalistas, y el crédito que merecen.
En el seno popular, los vientos soplan ahora en una dirección más “posibilista”. Barones como José Manuel Soria, que gobierna junto con Coalición Canaria, abanderan esta rebaja de mínimos para poder acercarse a los partidos nacionalistas. Y desde luego, no son comparables los nacionalismos de Canarias con los de la península. En las islas, el nacionalismo tiene un corte eminentemente pragmático, bastante alejado de postulados doctrinales. Aquí, las cosas son diferentes. El giro soberanista dado por vascos y catalanes, al menos en una parte sustancial, ha sido una de las consecuencias de la política “concesionista” de Zapatero. Además, el nacionalismo vasco ha mostrado siempre una calculada ambigüedad hacia el mundo de la violencia, tan cercano afectivamente a ellos. No en vano, comparten sus fines, aunque haya quien no quiera verlo. María San Gil sí. Lleva demasiado tiempo padeciéndolos, yendo a funerales de amigos y consolando a gentes que han de irse de Euskadi porque no aguantan más. Así, su dignidad le impide participar en la redacción de una ponencia que abra las puertas del abismo para posibilitar no se sabe muy bien qué. A veces, se diría que la actual estrategia del PP se gesta más desde Ferraz que desde Génova. Al menos, en lo que a devaluación de activos importantes del partido se refiere. Y María San Gil lo es. Es un referente y un activo del que ningún partido español debería prescindir. Pero la cuestión no es sólo de personas. El Partido Popular debe reflexionar con toda cautela antes de entrar en la timba nacionalista del “quien da más” (a los nacionalistas) que abrió Zapatero con el Estatuto de Cataluña. El PSOE ya ha perdido sus señas de identidad filosófica. El PP puede dividir el partido y perder su electorado.
TEMAS RELACIONADOS: