Opinión

España, en trance

José Antonio Ruiz | Viernes 28 de marzo de 2014
Se nos va de las manos. España, desecho consumado, muerta en vida, corpore in sepulto, o la increíble historia del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea.

Puede que no exista como tal, tipificada en nuestro Código Penal, la figura del delincuente político de cuello blanco. Pero haberlo, lo hay, aunque no se siente en el banquillo sino en el escaño.

Deliberadamente maximalista y dogmático: guerrilla urbana y guerrilla política. Fascismo kaleborroqueño en estado superlativo en uno y otro caso. Los unos gritan ¡Matemos al policía! Los otros ¡Matemos a España, carne de cañón y mantequilla!

Se levanta la veda al estado de Derecho. La cacería de Iberia no ha hecho más que comenzar. Ya han soltado a los perros sabuesos y pronto abatirán a la presa como si fuera un jabalí. A cambio, en lugar de encerrarlos en chirona o en un manicomio, el Estado compasivo le buscará una salida honrosa a los furtivos.
El epitafio de la lápida que da nombre a la tumba donde reposan los restos del ex presidente Suárez se conjuga en pretérito indefinido: «La concordia fue posible». Del presente nada se dice, y el futuro es una fantasmagoría que mejor ni mentarla, no vaya a ser. Si acaso otro día.
Un pueblo avenado y majara como el nuestro, de falsos compadecimientos, hipócrita hasta decir ¡sooo!, viene a ser como un muerto mal enterrado, al que nadie llorará cuando ya no respire, aunque suene la Marcha Real al paso del féretro, y la capilla ardiente se abarrote de compungidos fingidores de desolaciones y ensoñaciones delirantes con un crespón negro ensartado en el corazón.

Si Adolfo muere un poco más tarde, le hubiera dado tiempo a presenciar la firma del certificado de defunción del 78. Alfa y Omega, origen y fin.
Nunca he tenido por «sabio» al pueblo, en sentido genérico, pues nada hay más lanar y agropecuario que un ganado de borregos que pastan por el monte sin pastor. Las colas de morbosos y desocupados huelen a alcanfor y me producen náuseas.

El innombrable, el muy cobarde, en lugar de echarle cojones y plantarse en Madrid, o enviar en su nombre a Shakira, ha designado a su escudero de Agricultura para que venga a la Villa y Corte a defender en el Congreso el soberanismo indefendible, pues soberano, lo que se entiende por soberano, ya no hay ninguno, después de que el brandy de González Byass y su primo hermano el Veterano de Osborne hayan tenido que rebajar su graduación alcohólica para poder ser consideradas bebidas espirituosas.

Tal cual parece que ha sucedido con esta España light, zero-zero, que ha tenido que rebajar la calidad de su democracia y aguar el chute que te encendía el galillo con tal de sobrevivir a arribistas e inmovilistas.

Aunque no hay que ser San Raimundo de Peñafort ni Álvaro d’Ors, los magistrados del Constitucional han estimado la impugnación presentada por el Gobierno contra la declaración soberanista aprobada por el Parlamento de Cataluña. Y la Vanguardia de Godó, que sigue cambiando de carroza según conveniencia, haya titulado sin sonrojo «El TC tumba la declaración de soberanía por unanimidad».

La prensa está que lo tira: con tal de vender periódicos, el ABC ha tenido la ocurrencia de regalar un destornillador eléctrico inalámbrico y un set de cuchillos Savarona. Se han equivocado de vocación. Deberían dedicarse al bricolaje o a los fogones.

Sólo alguien muy miserable, mezquino y ruin puede invocar la figura de Suárez a conveniencia su locura particular, instrumentalizando el legado del finado en pleno velatorio. Al paso que llevan algunos, van a necesitar lentillas de grafeno para ver en la oscuridad de la ignominia.
Asamblea Nacional Catalana, “paramilis” políticos. Gobierno paralelo en la sombra. Se suponía que el Ejecutivo era el Govern y el Legislativo el Parlament. No es posible que haya tanto calzonazos amaestrado.

Los astrólogos que han descubierto un nuevo planeta enano más allá de Plutón, el más lejano del Sistema Solar, debieran bautizar el hallazgo con el nombre de Arturo.

Buen momento para recordar que a diferencia de lo que sucedió con Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo, el resto de sus señorías, incluido un tal Felipe, se escondieron en su escaño el 23F, acojonados tras el «Quieto todo el mundo, al suelo» de Tejero. Cuentan las crónicas que más de uno no aguantó el miedo y se cagó en los calzones.

España, sin remedio, se pone farruca: Paris le entrega las llaves de oro de la ciudad por unanimidad a Rafa Nadal, y aquí unos profesores mendrugos le discuten en honoris causa por la Universidad de las Islas Baleares.

A Mas le está pasando lo que a Cristina Fernández de Kirchner, que se ha lanzado a la conquista del espacio como quien se zambulle de cabeza en la piscina sin agua de la Casa Rosada…, pero el cohete se ha descogorciado tras levantar dos metros del suelo. Como su propio nombre indica, todas las astracanadas son, de por sí, chabacanas.

No es fácil decir no a la NASA para seguir escribiendo en El Imparcial por amor al arte. Pero lo mismo merece la pena, a cambio de la libertad de la que han adjurado los lamelibranquios del Régimen.

Los problemas de esta España en cabestrillo donde pasta tanto cabestro no se arreglan padeciendo en secreto las hemorroides patrióticas ni declarando una huelga de sexo como han hecho las ucranianas contra los rusos. Por las curvas de Kate Winslet estaría dispuesto este cronista en encabezar una revolución. Por las asonadas españolistas de Oriol y Arturo, todo lo más me fumo un puro.

Falsa alarma. No es un Boeing 737 lo que está flotando en aguas de Gran Canaria, sino un barco remolcador que arrastra con su paso cansino el cadáver de España. El golpe se consumará el día que claudiquemos. España puede vivir sin Borbones, pero no sin honra.