Opinión

Aumento de la desconfianza hacia Dilma Rousseff

Sábado 29 de marzo de 2014
A cada vez menos meses de las elecciones presidenciales en Brasil, su actual mandataria, Dilma Rousseff, parece estar perdiendo el respaldo de los ciudadanos. Aunque la señora Rousseff a día de hoy todavía se alza como la favorita para lograr una segunda legislatura, las encuestas están mostrando un considerable y continuo descenso de su popularidad. De esta forma, si en noviembre del pasado año, la presidenta brasileña obtenía un 43 % de apoyo, la cifra se sitúa en estos momentos en un 36 %, y si en el sondeo anterior un 20 % desaprobaba su gestión, ahora es un 27 % el que la rechaza. Cuando Dilma Rousseff accedió a la presidencia en 2011, de la mano del Partido de los Trabajadores, liderado por Lula da Silva –su antecesor en el cargo-, se las prometía muy felices. Sin embargo, se está comprobando que no calibró todos los retos que la esperaban ni la manera más adecuada y eficaz para hacerles frente.

En la actualidad, la economía brasileña está atravesando una etapa a la baja, con una alta inflación, familias endeudadas y un gasto público por las nubes. También se han producido ciertos escándalos de corrupción como, sobre todo, el referido a la petrolera nacional. A lo que se suma una cuestionada política exterior con una creciente pérdida de peso en Sudamérica y su deseo, si bien fracasado, de encabezar el eje bolivariano, apuesta que no se veía con buenos ojos por parte de muchos ciudadanos, especialmente la clase media. Igualmente, se ha acusado a la presidenta de poca visión de futuro y de seguir una línea de intervencionismo económico que retrotrae la inversión y la creación de riqueza.

Asimismo, parece que lo que ha despertado con fuerza el repudio ciudadano ha sido la forma en que se está enfocando la celebración del Mundial de Fútbol de este año, que se celebrará del 12 de junio al 13 de julio. A incidentes que han ocasionado tragedias humanas, a lo que quizá no ha sido ajena la imprevisión y la precipitación, se añade que Brasil ya ha invertido en las instalaciones del Mundial una cifra millonaria que supera a la que emplearon Sudáfrica y Alemania juntas en el mismo evento deportivo cuando se desarrolló en su suelo. Y este derroche ni siquiera parece asegurar que todo estará listo y en perfectas condiciones, por lo que se ha generado una gran incertidumbre.

Todo ello ha provocado que en los últimos meses los brasileños hayan protagonizado numerosas manifestaciones exigiendo que se olvide lo mucho de demagogia que encierra el discurso político heredado de Lula da Silva, un líder sin duda carismático y que consiguió avances, pero que hoy se ven como ligados a otra época y que precisan de un nuevo y diferente brío. Las últimas encuestas parecen apuntar a que quizá muchos electores se estén preguntando si el Partido de los Trabajadores no lleve demasiado tiempo en el poder, donde permanece desde hace más de dos décadas. Dilma Rousseff habrá de reaccionar con presteza ante una situación que puede írsele de las manos.

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