José Antonio Ruiz | Viernes 04 de abril de 2014
España, in albis, fantasía sexual. Había una vez un circo. Cortijo chusquero, subgénero cinematográfico, país de guasa. Mariano reinaugura el Museo Arqueológico Nacional, cerrado por obras desde el Paleolítico, y de pronto, en los sótanos de la mastaba aparece un sarcófago con la momia de España dentro, y su rostro macabro se refleja en el escaparate de Loewe de la calle Serrano.
La parodia nacional no conoce límites. Quería volar como el guacamayo azul de la Fox, pero a punto han estado de perderle sus prontos. Esperanza, a la fuga, ambiciona la alcaldía capitalina y puede que hasta la corona de laurel del emperador de Moncloa; pero por momentos se disparan sus posibilidades de hacerse con un puesto como agente de movilidad urbana, o con la plaza de supervisora del negociado de multas de la dirección general de Tráfico.
La Condesa de Bombay planta su auto utilitario en el carril bus de Gran Vía; se apea para sacar unos talegos del cajero, con un par; un aguerrido agente de la autoridad le cuelga una receta en el parabrisas; y antes de que se agolpara el vecindario entero en el lugar de los hechos para pedirle un autógrafo y hacerse un selfie berlanguiano, a Aguirre le viene un mal aire y no se le ocurre otra cosa que darse el piro como si acabase de atracar el banco, en plan fugitiva, con tan mala suerte que embiste a la moto de la pasma, la vuelca y la jode. Doy fe que no es el storyboard de la última película de Torrente. Pero pudiera.
Así es Esperanza, carne mortal, ante la oportunidad de su vida para dar la vuelta al calcetín del infortunio, reconocerse pecadora de la pradera, y postularse como aspirante a todo lo que se le ponga en lo alto del moño, ahora que definitivamente es uno de los nuestros: los proletas que estamos hasta los mismísimos de las multas del parquímetro, de los controles de alcoholemia y del recibo de la contribución.
En Torrespaña, un intruso se cuela en el plató de TVE durante la emisión en directo del Telediario. Ana Blanco, de por sí insípida, inodora e incolora como periodista, pero muy buena zagala, pierde de pronto el color del semblante como una Macarena, y el realizador no acierta a fundir la pantalla a negro a fin de dar tiempo al regidor a que agarre al cenutrio por el pescuezo y le arree un par de hostias bien dadas allí mismo, en el lugar de los hechos, aprovechando el corte de la emisión. Y luego vas y lo cuentas.
Está el mundo para tomar un camino, echar a andar y no volver la vista atrás ni para echar las cuentas del camino andado. En Venecia, los Carabinieri han detenido a veinticuatro separatistas zumbados del Véneto que pretendían tomar al asalto la Plaza de San Marcos a lomos de un tanque de fabricación casera. ¿Qué haces? ¿Los vas a matar? (…) ¿No será mejor tomarlo a risa?
Aquí al lado, desde donde ahora escribo esto, el juez Marlasca se ha visto en la obligación de tener que llamar al orden a los niñatos que asediaron el Par-lamento catalán en 2011 por fumar porros en los retretes de la Audiencia Nacional, después de las protestas de los funcionarios que entraron a relajar esfínteres y en medio mismo del apretón tuvieron que salir de allí por pies, con los calzones en los tobillos y la descomposición contenida, más colocados que si se hubieran puesto de adormidera hasta las cejas en los campos de opio de Afganistán.
España, cautiva, indigencia intelectual. La situación de este país nuestro es tan irreconducible como la de Casillas en el Madrit. Comparada con, la candidatura de Darth Vader a la Presidencia de Ucrania es una pintoresca anécdota friki.
A Rajoy le han sobrado cojones para plantar a Obiang, pero le faltan para plantar a Mas. Sólo faltaba que Moncloa mediara ante Zarzuela para que el Borbón le concediese a Arturo el Toisón de Oro y una réplica bizcochera en chocolate del concierto económico vasco-navarro, en justa correspondencia por los impagables servicios que viene prestando el prenda a España. Cataluña supera en casi cuatro décimas el déficit fijado para 2013 y Montoro se la envaina alegando que lo que el déficit esconde, que no lo separe nadie.
Doy por hecho que se sienten más españoles tanto la gaditana Anne Hidalgo, que se ha convertido en la alcaldesa de París, mon amour (y que es mucho más molona que Botella, que retratada ha quedado con su reacción en el affaire Esperanza), como Manuel Valls, el primer ministro de Francia, que todavía es más de derechas y más chulo que Sarkozy, y eso que no tiene las patillas de Morante ni las gafas de Karl Lagerfeld.
Aunque para sobrado, Mariano, que va a ganar las elecciones europeas sin necesidad de nombrar candidato. ¡Qué crack!
El que por un instante nos ha tenido en vilo ha sido Rouco, al aprovechar el funeral de beatificación de Suárez para soltar un sermón guerra civilista que nos retrotrajo a las trincheras del frente del Ebro. Haga el favor, señor cardenal, de no acojonarnos con la condenación eterna en la barbacoa del infierno, que bastante tenemos ya con lo nuestro.
Aunque una cosa no quita a la otra, entiéndaseme, España, dogma de fe, podrá exigir el derecho a ser tomada en serio cuando deje de ser un «país de creyentes» para ser un «país de pensantes».
La que va a su bola sin necesidad de mucho pensar es Pilar Urbano, que está aprovechando para hacer su particular agosto en abril, con su cuento sobre el veintitrés-efe. Entiendo que en el Planeta Lara cada día estén más crecidos y en Zarzuela cada vez estén más cabreados con tanto infundio, no vaya a ser que alguno de ellos resulte ser verdad.
Si esta España nuestra en stand-by fuese un país serio, mucha gente que anda suelta y sin bozal, estaría en la trena, en el manicomio o en el zoológico.
Primero fue el Ayuntamiento de San Sebastián, taifa de Bildu, y ahora será el consistorio de Sant Sadurní d’Anoia el que pondrá en la fachada una placa informativa donde diga que «en este ayuntamiento se iza la bandera española por imperativo legal».
España, en estado terminal. Asesino, secuestrador y torturador, Bolinaga seguirá disfrutando en su casa, en arresto domiciliario, sus últimos días entre los vivos; pero no es el cáncer terminal el bicho que va a acabar con su vida, sino el cáncer de intolerancia que padece, que ese sí que no tiene cura posible y le sobrevivirá eternamente en el recuerdo de las víctimas.
Los muertos que mató están mucho más vivos que él, aunque no lo parezca. Que el sujeto se pasee por las herriko tabernas de Mondragón como si fuera un héroe, da una idea de la indignidad humana de quienes le jalean y preparan su santificación como mártir el día que la palme de verdad. Putos votantes.
Chamartín pita a Cristiano, que no jugará en Anoeta. Putin recupera soltería y cuerpo de surfista. Carmina Chacón amenaza con volver, como Ana Obregón, chicas de videojuego. Bill Clinton, mi héroe, confiesa creer ciegamente en los extraterrestres, convencido de que no estamos solos. Pongo el disco póstulo de Michael Jackson y me vengo arriba como el hombre bala del Price. España, tira adelante y no te arrugues, que diría el señorito de Grifols.